El valor de un buen nombre

En 2013, el texano Mark Oberholtzer, dueño de una pequeña empresa de plomería llamada Mark-1 Plumbing, decidió cambiar su camioneta por un modelo nuevo. Lo que nunca imaginó fue que ese simple negocio le costaría mucho más que dinero.
Mark olvidó quitar el logotipo de su empresa antes de dejar el vehículo en la concesionaria. La camioneta fue revendida, exportada y, un año después, apareció en fotos de combatientes en Siria, armada y todavía con el nombre “Mark-1 Plumbing” estampado en las puertas. En pocas horas, su marca —que hasta ese momento era sinónimo de confianza— quedó asociada al terrorismo. Recibió miles de llamadas, amenazas e insultos, y su negocio casi se vino abajo. Todo por un detalle olvidado.

Esa historia es un recordatorio poderoso de algo que la Biblia nos enseña desde hace miles de años: “Vale más tener buena fama que poseer muchas riquezas; y más que oro y plata, ser apreciado.” — Proverbios 22:1 (NVI) El “buen nombre” es la reputación, la confianza y la credibilidad que se construyen con años de integridad, pero que pueden ser destruidas en segundos por un descuido o una actitud imprudente.
Mark perdió mucho por un error aparentemente pequeño. Y, a veces, nosotros también corremos ese riesgo, no con logotipos, sino con palabras, actitudes o decisiones que manchan nuestro testimonio cristiano.
La reputación es como un puente: toma tiempo y esfuerzo construirlo, pero basta una grieta para ponerlo en peligro. Por eso, debemos cuidar el nombre que llevamos y aún más si somos hijos de Dios, porque ese nombre es el nombre de Cristo.
Que nuestra forma de actuar, hablar y negociar refleje el carácter de aquel a quien representamos. Porque no hay publicidad más poderosa que una vida íntegra, ni riqueza que se compare con el valor de una buena reputación.
Oración: Señor, ayúdame a vivir con integridad y sabiduría, para que tu nombre sea honrado a través de mi vida. Enséñame a cuidar mi testimonio y a reflejar tu verdad en todo lo que hago. Líbrame de actitudes que puedan manchar el buen nombre que me confiaste. Amén.
Versículo clave: “Vale más tener buena fama que poseer muchas riquezas; y más que oro y plata, ser apreciado.” — Proverbios 22:1 (NVI)
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