Amar antes de juzgar

Ocurrió en Los Ángeles, Estados Unidos. Una mujer salió a caminar y, en el estacionamiento de un centro comercial, presenció una escena inesperada. Una familia estaba atando un perro a un árbol, junto con una bolsa de comida y un plato con agua. También le colocaron un bozal y luego se marcharon.

La primera reacción de la mujer fue de indignación. ¿Cómo podía esa familia abandonar al perro de esa manera? Pero, al observar con atención, notó la fuerte conmoción en cada uno de los miembros de esa familia. Entonces, decidió acoger al perro e investigar la situación. Descubrió que habían sido desalojados de su casa y, sin tener adónde ir, estaban en un refugio que no permitía animales. Aquellos padres tuvieron que elegir entre el perro o un techo para sus hijos.

¿Cuántas veces nosotros también juzgamos apresuradamente las actitudes de otros, sin conocer el contexto? Ese abandono, que parecía un acto cruel, en realidad era el retrato de una familia desesperada que hizo una elección difícil para proteger a sus hijos. La Biblia nos advierte: “No juzguen según las apariencias, sino juzguen con rectitud” (Juan 7:24, NTV).

Es fácil mirar desde afuera y concluir qué está bien o mal. Pero solo Dios conoce la totalidad de la historia de cada persona. Por eso Jesús dijo: “No juzguen a los demás, y no serán juzgados. Pues serán tratados de la misma forma en que traten a los demás. El criterio que usen para juzgar a otros es el criterio con el que se les juzgará a ustedes” (Mateo 7:1-2, NTV).

Tal vez ahora mismo aún sientas el deseo de juzgar la decisión de esos padres, pensando que había otra salida. Y puede que sea cierto. Pero aun así, solo Dios puede juzgar con justicia.

Antes de señalar con el dedo, somos llamados a mirar con compasión. El Señor nos invita a actuar como aquella mujer que, en lugar de solo criticar, se acercó y acogió. Así hizo Cristo con nosotros: no se limitó a ver nuestros errores, sino que nos miró con misericordia.

El llamado es a amar antes de juzgar. Solo cuando nos disponemos a entender al prójimo podemos realmente amar como Dios ama.

Oración: Señor, enséñame a no juzgar por las apariencias. Dame un corazón compasivo, dispuesto a ver el dolor del otro antes de criticar sus actitudes. Que yo sea instrumento de acogida, así como tú me acogiste. Amén.

Versículo clave: “El Señor no ve las cosas de la manera en que las vemos nosotros. La gente juzga por las apariencias, pero el Señor mira el corazón” (1 Samuel 16:7, NTV).

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