Cuando la traición viene de cerca

Ocurrió en Pensacola, Florida, en 2017. Una exoficial de policía de 33 años, llamada Taylor Wright, estaba en proceso de divorcio. Taylor tenía en su poder cierta cantidad de dinero que no quería que formara parte del proceso y confió ese dinero a una amiga, llamada Ashley McArthur. El monto era de aproximadamente 34 mil dólares. Pero ¿qué sucedió? Ashley gastó parte del dinero y, cuando Taylor le pidió que se lo devolviera, lo inesperado ocurrió. Ashley llevó a Taylor a una finca de su propiedad, con el pretexto de hacer la entrega del dinero, y la asesinó de un disparo en la nuca.
Al ver un documental sobre este caso, no pude evitar recordar el Salmo 55, donde David expresa exactamente el dolor que sentimos cuando somos traicionados por alguien cercano: “No es un enemigo el que me ofende; eso podría soportarlo. No son mis adversarios los que me menosprecian; de ellos me habría escondido. En cambio, eres tú, mi compañero, mi colega y amigo íntimo. ¡Qué buenos eran los momentos que pasábamos juntos, cuando caminábamos con la multitud hacia la casa de Dios!” (Salmo 55:12-14, NTV)
Al leer el relato y el Salmo 55, es posible imaginar la herida que deja la traición de alguien en quien confiamos. El dolor es más profundo porque no es solo una injusticia: es una ruptura de vínculo, de intimidad, de confianza. Pero lo que más me llama la atención es cómo reacciona David. Él no finge que no siente dolor, sino que lo lleva a Dios: “Pero yo clamaré a Dios, y el Señor me rescatará.” (Salmo 55:16, NTV)
Aprendo con el salmista que, cuando confiamos nuestras heridas a Dios, encontramos el descanso y la justicia que nosotros mismos no podemos alcanzar con nuestras fuerzas. Él nos recuerda que, aunque las personas cercanas fallen, Él jamás nos abandonará: “Entrégale tus cargas al Señor, y él cuidará de ti; no permitirá que los justos tropiecen y caigan.” (Salmo 55:22, NTV)
Hoy, al reflexionar sobre esta historia, recuerdo que podemos ser heridos por aquellos a quienes amamos, pero nunca seremos olvidados por Dios. Él es el amigo fiel que nunca traiciona.
Oración: Señor, hoy quiero poner en tus manos la herida de la traición que me duele cada día. Quiero descansar en ti, encontrar refugio en tu presencia y en tus brazos. Amén.
Versículo base: “No es un enemigo el que me ofende; eso podría soportarlo. No son mis adversarios los que me menosprecian; de ellos me habría escondido. En cambio, eres tú, mi compañero, mi colega y amigo íntimo. ¡Qué buenos eran los momentos que pasábamos juntos, cuando caminábamos con la multitud hacia la casa de Dios!” (Salmo 55:12-14, NTV)
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