Una visión distorsionada de Dios

Las parábolas de Jesús son valiosas fuentes de conocimiento sobre nuestro Señor. A través de ellas, podemos conocer el corazón de nuestro Dios y comprender mucho sobre Él. Y cuanto más estudiamos las parábolas de Jesús, nos damos cuenta de que contienen más enseñanzas de las que podríamos suponer, basándonos apenas en la enseñanza principal. Un buen ejemplo de esto es la parábola de los tres siervos, registrada en Mateo 25, a partir del versículo 14.
La historia cuenta que un hombre emprendió un viaje, llamó a sus siervos, les dio talentos a cada uno, según sus capacidades, y emprendió un viaje. Es interesante ver que Jesús no especifica que el hombre dio instrucciones claras a sus siervos sobre cómo usar esos talentos. Y cuando el hombre regresó, estaba feliz y satisfecho con dos de sus siervos que multiplicaron los talentos que habían recibido, pero muy insatisfecho con el tercer siervo, quien simplemente enterró el talento que había recibido y lo devolvió.
Aunque no recibieron instrucciones sobre cómo usar los talentos recibidos, los dos primeros siervos conocían bien a su amo y sabían qué le agradaría. El tercer siervo, en cambio, tenía miedo y tenía una percepción distorsionada de él. Observemos lo que le dijo a su amo a su regreso: “Amo, yo sabía que usted era un hombre severo, que cosecha lo que no sembró y recoge las cosechas que no cultivó. Tenía miedo de perder su dinero, así que lo escondí en la tierra”. Esta percepción de un amo duro y severo lo llenó de miedo, por lo que no pudo invertir el talento recibido. De la misma manera, ese siervo no comprendía que si su amo le había dado ese talento era porque sabía de su capacidad para administrarlo. Pero el siervo simplemente estaba lleno de malos pensamientos y miedo.
Creo que muchos de nosotros podemos tener esta visión distorsionada de nuestro Dios: la de un Dios duro que solo quiere castigarnos y atemorizarnos. Esta percepción distorsionada nos llena de miedo y nos impide vivir en la plenitud de su amor.
Mi deseo es conocer cada vez más a mi Señor, vivir sin miedo y que, cuando regrese, pueda escuchar: “¡Bien hecho, mi buen siervo fiel! ¡Ven a celebrar conmigo!”.
Oración: Padre amado, mi deseo es conocerte profundamente, vivir la plenitud de tu amor. Amén.
Texto base:
14 »También el reino del cielo puede ilustrarse mediante la historia de un hombre que tenía que emprender un largo viaje. Reunió a sus siervos y les confió su dinero mientras estuviera ausente.
15 Lo dividió en proporción a las capacidades de cada uno. Al primero le dio cinco bolsas de plata; al segundo, dos bolsas de plata; al último, una bolsa de plata. Luego se fue de viaje.
16 »El siervo que recibió las cinco bolsas de plata comenzó a invertir el dinero y ganó cinco más.
17 El que tenía las dos bolsas de plata también salió a trabajar y ganó dos más.
18 Pero el siervo que recibió una sola bolsa de plata cavó un hoyo en la tierra y allí escondió el dinero de su amo.
19 »Después de mucho tiempo, el amo regresó de su viaje y los llamó para que rindieran cuentas de cómo habían usado su dinero.
20 El siervo al cual le había confiado las cinco bolsas de plata se presentó con cinco más y dijo: “Amo, usted me dio cinco bolsas de plata para invertir, y he ganado cinco más”.
21 »El amo lo llenó de elogios. “Bien hecho, mi buen siervo fiel. Has sido fiel en administrar esta pequeña cantidad, así que ahora te daré muchas más responsabilidades. ¡Ven a celebrar conmigo!”.
22 »Se presentó el siervo que había recibido las dos bolsas de plata y dijo: “Amo, usted me dio dos bolsas de plata para invertir, y he ganado dos más”.
23 »El amo dijo: “Bien hecho, mi buen siervo fiel. Has sido fiel en administrar esta pequeña cantidad, así que ahora te daré muchas más responsabilidades. ¡Ven a celebrar conmigo!”.
24 »Por último se presentó el siervo que tenía una sola bolsa de plata y dijo: “Amo, yo sabía que usted era un hombre severo, que cosecha lo que no sembró y recoge las cosechas que no cultivó.
25 Tenía miedo de perder su dinero, así que lo escondí en la tierra. Mire, aquí está su dinero de vuelta”.
26 »Pero el amo le respondió: “¡Siervo perverso y perezoso! Si sabías que cosechaba lo que no sembré y recogía lo que no cultivé,
27 ¿por qué no depositaste mi dinero en el banco? Al menos hubiera podido obtener algún interés de él”.
28 »Entonces ordenó: “Quítenle el dinero a este siervo y dénselo al que tiene las diez bolsas de plata.
29 A los que usan bien lo que se les da, se les dará aún más y tendrán en abundancia; pero a los que no hacen nada se les quitará aun lo poco que tienen.
30 Ahora bien, arrojen a este siervo inútil a la oscuridad de afuera, donde habrá llanto y rechinar de dientes”.
(NTV) Mateo 25:14-33
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