Sus misericordias son nuevas cada mañana

Cuando Ezequías tenía aproximadamente 39 años, una enfermedad mortal lo abatió. El profeta Isaías se acercó a él y le declaró que su vida pendía de un hilo: “Pon tus asuntos en orden porque vas a morir. No te recuperarás de esta enfermedad” (Isaías 38:1). La noticia fue un impacto profundo. Puedo imaginar el dolor de este hombre, que se creía en la mejor etapa de su vida, al enfrentarse a la certeza de una muerte prematura e incluso “injusta”, pues había gobernado con integridad, reverencia y temor de Dios.
Entonces Ezequías se volvió hacia la pared y ofreció una sincera oración a Dios: “Acuérdate, oh Señor, que siempre te he sido fiel y te he servido con singular determinación, haciendo siempre lo que te agrada; y el rey se echó a llorar amargamente. Luego Isaías recibió este mensaje de parte del Señor: Regresa y dile a Ezequías: Esto dice el Señor, Dios de tu antepasado David: ‘He oído tu oración y he visto tus lágrimas. Te añadiré quince años más de vida” (Isaías 38:3-5).
Este texto me llama la atención cuanto a la fragilidad de la vida humana: Ezequías, aún joven, casi fue arrebatado de esta tierra. Pero Dios le concedió otros quince años, un tiempo adicional lleno de propósito y misterio. Y aunque parezcan pocos años para los estándares actuales, ya que Ezequías no viviría más allá de los 54 años, fue tiempo suficiente para servir, fortalecer su reino y dar testimonio de la fidelidad divina. Cada uno de los días que siguieron fueron un regalo, una dadiva divino que merece reconocimiento, gratitud y sabiduría al usarlo.
Podemos ver, en la vida del rey Ezequías, la materialización de la palabra de Dios que nos dice que “sus misericordias son nuevas cada mañana” (Lamentaciones 3:22-23). Fue en esta verdad que él confió: cada día adicional de vida que se le concedió fue un regalo divino, una nueva demostración de la fidelidad de Dios. La prolongación de su vida no fue una mera bendición temporal, sino una expresión renovadora de la incesante compasión del Señor, que nunca falla y se renueva a diario para sostener y restaurar a quienes confían en Él.
En nuestro ajetreo diario, es fácil olvidar que la longevidad no está garantizada y que cada día adicional es un regalo de Dios. Mi deseo es que tú y yo aprendamos de Ezequías: a valorar el día de hoy como un regalo de Dios, a orar con sinceridad y a vivir cada día con gratitud, reconociendo que incluso nuestro último aliento será gracias a la misericordia del Señor.
Oración: Señor, gracias porque tu amor nunca falla y tus misericordias son nuevas cada mañana. Que pueda vivir confiando en tu fidelidad y reconocer cada día como un regalo tuyo. Amén.
Versículo base: “¡El fiel amor del Señor nunca se acaba! Sus misericordias jamás terminan. Grande es su fidelidad; sus misericordias son nuevas cada mañana.” (NTV) Lamentaciones 3:22-23
![]()





Quer receber devocionais diarias no seu celular?