¿Qué permito que entre?

Ocurrió en Vassar, en octubre de 2025. Kandie Sherman permitió que una amiga de su hija y sus familiares, que estaban sin vivienda, estacionaran y vivieran en un autobús en su propiedad durante seis semanas. El plazo terminó, pero se negaron a irse. Cuando ella intentó formalizar el desalojo, los ocupantes obtuvieron una Orden de Protección Personal, impidiéndole acercarse al vehículo —y, en consecuencia, a su propia casa. Según se informó, Kandie pasó a dormir en su automóvil mientras espera la decisión judicial.

Todo comenzó con un permiso.

Esta historia me lleva a reflexionar: ¿cuántas veces permito que algo entre en mi vida sin imaginar las consecuencias? Un hábito “pequeño”. Una amistad dudosa. Un pensamiento tóxico alimentado en silencio. Un pecado tolerado como excepción.

La Palabra nos advierte: “No den lugar al diablo.” (Efesios 4:27, NTV).

Dar lugar es abrir espacio. Es ceder terreno. El problema es que aquello que permito hoy puede asumir el control mañana.

Lot es un ejemplo de esto. En Génesis 13, armó sus tiendas cerca de Sodoma. No entró de inmediato en la ciudad —solo se acercó. Pero poco tiempo después, ya vivía dentro de ella. La proximidad se convirtió en permanencia. Una decisión aparentemente estratégica trajo consecuencias profundas.

Comprendo que decisiones aparentemente pequeñas pueden redefinir mi futuro. No todo lo que parece inofensivo es neutral. Algunas permisiones se transforman en prisiones.

Necesito vigilar lo que entra en mi corazón, en mi mente y en mi rutina. Porque aquello a lo que doy espacio hoy puede ocupar áreas que mañana no podré recuperar fácilmente.

Oración: Señor, dame discernimiento para no permitir en mi vida aquello que puede alejarme de Ti. Guarda mi corazón y ayúdame a cerrar puertas que no vienen de Ti. Amén.

Versículo del día: “No den lugar al diablo.” (Efesios 4:27, NTV).

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