Piensen en las cosas del cielo

Tuve el privilegio de viajar muchas veces en avión en estos casi 50 años de vida, aunque la primera vez ocurrió ya en la segunda mitad de mi jornada terrenal, cuando tenía unos 25 años o más. Pero siempre hubo algo que me intrigó: ¿por qué los aviones vuelan tan alto? Está bien que vuelen alto, pero ¿por qué como a 10 mil metros de altura? ¿No sería suficiente volar a 2 mil o 3 mil metros, que ya es bastante?

La verdad es que hay razones sólidas para eso. Cuanto más alto, menos denso es el aire, lo que hace que el avión “se esfuerce menos” para avanzar, ahorrando combustible. Además, allá arriba hay menos turbulencia, porque las tormentas ocurren en capas más bajas de la atmósfera. Si los aviones volaran más bajo, enfrentarían clima inestable todo el tiempo, más obstáculos como montañas y edificios, y tendrían menos tiempo para reaccionar en una emergencia. Por eso, volar alto es más seguro, más eficiente y más tranquilo.

Pensando en esto, me doy cuenta de que espiritualmente no es tan diferente. Cuanto más “alto” volamos —cuanto más cerca estamos del Señor— más segura, estable y sabia se vuelve nuestra caminata. Y eso no significa ausencia de problemas; al fin y al cabo, aún a 12 mil metros sigue habiendo turbulencias. Pero sin duda son menores que las que enfrentamos aquí abajo, cuando vivimos lejos de la presencia de Dios.

La Biblia nos llama claramente a ese vuelo más alto. Pablo escribió: “Pongan la mira en las verdades del cielo, donde Cristo está sentado en el lugar de honor a la derecha de Dios. Piensen en las cosas del cielo, no en las de la tierra” (Colosenses 3:1-2, NTV). Es una invitación a elevar la mente, el corazón, las prioridades y las decisiones. Cuando vivimos “a baja altitud” —atados a las circunstancias, a las preocupaciones, al pecado y a las presiones de este mundo— todo se vuelve más turbulento, más peligroso y más desgastante. Pero cuando decidimos buscar la presencia del Padre, nuestra visión se amplía, nuestras decisiones se alinean con Su voluntad y nuestra vida adquiere la ligereza de quien confía.

Isaías también declara: “En cambio, los que confían en el Señor encontrarán nuevas fuerzas; volarán alto como con alas de águila” (Isaías 40:31, NTV). El águila vuela alto no porque sea más fuerte, sino porque sabe dónde el aire es más favorable. Así somos nosotros: no volamos más alto porque somos mejores, sino porque elegimos depender de Dios.

Que aprendamos cada día a buscar esa altura espiritual: leyendo la Palabra, orando, ajustando el corazón, dejando el pecado y buscando comunión con Cristo. Cuanto más alto vivamos, más clara será la ruta que Dios coloca delante de nosotros, y más firme será nuestra confianza en Su fidelidad.

Oração: Señor, ayúdame a buscar las cosas de arriba. Eleva mis pensamientos, limpia mi corazón y endereza mis caminos. Que viva cada día más cerca de Ti, volando a la altura de Tu presencia, donde hay seguridad, sabiduría y paz. Amén.

Versículo del día: “Piensen en las cosas del cielo, no en las de la tierra.” (Colosenses 3:2, NTV)

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