¿Odio o perdón?

El funeral del activista Charlie Kirk, asesinado el pasado 10 de septiembre, nos presentó un impresionante contraste entre lo que significa vivir verdaderamente el evangelio de Cristo y lo que no. Ese contraste pudo verse en los discursos de la esposa de Charlie, Erika, y en el del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
Para asombro del mundo entero, Erika perdonó al asesino de su esposo y pronunció palabras que solo pueden venir de un corazón que ha entendido el mensaje del evangelio:
– “Mi esposo quería salvar a jóvenes como aquel que le quitó la vida. Yo perdono a ese hombre, a ese joven. Lo perdono porque eso fue lo que Cristo hizo, y eso mismo haría Charlie. La respuesta al odio no es odio. La respuesta que conocemos del Evangelio es amor, y siempre amor: amor por nuestros enemigos y amor por aquellos que nos persiguen.”
En cambio, el presidente Donald Trump eligió otro camino. Estas fueron sus palabras:
– “Él (Charlie) no odiaba a sus oponentes. Él quería lo mejor para ellos. Y ahí es donde yo no estaba de acuerdo con Charlie. Yo odio a mis oponentes y no quiero lo mejor para ellos. Lo siento. Lo siento, Erika. Ahora Charlie debe estar enojado… él está enojado conmigo.”
Este contraste revela dos formas de enfrentar el dolor: una que refleja la cruz de Cristo y otra que se apoya en la lógica humana. Jesús nos enseñó claramente: “Pero yo les digo: amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen” (Mateo 5:44, NVI). Erika no habló desde sí misma, sino desde el Espíritu Santo que habita en ella. Su actitud recuerda las palabras de Esteban, quien al ser apedreado clamó: “Señor, no les tomes en cuenta este pecado” (Hechos 7:60, NVI).
El odio nunca transforma corazones. Al contrario, solo alimenta el ciclo de violencia. El amor de Cristo, en cambio, rompe cadenas, derriba muros y abre caminos de reconciliación. Como dijo el apóstol Pablo: “No te dejes vencer por el mal; al contrario, vence el mal con el bien” (Romanos 12:21, NVI).
Erika mostró al mundo lo que significa ser verdaderamente discípulo de Cristo. Perdonar no es olvidar el dolor, sino entregar el derecho de venganza al Señor, confiando en que su justicia es perfecta.
Que nuestro corazón elija siempre el camino del evangelio: el camino del perdón, del amor y de la esperanza que solo Jesús puede darnos.
Oración: Señor, ayúdanos a vivir el evangelio en la práctica, aun en medio del dolor y de las injusticias. Que podamos responder al odio con amor, al insulto con perdón y a la violencia con la paz que viene de Ti. Danos un corazón semejante al Tuyo, dispuesto a amar incluso a nuestros enemigos. Amén.
Versículo clave: “No te dejes vencer por el mal; al contrario, vence el mal con el bien.” (Romanos 12:21, NVI)
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