Más salvación, menos venganza

Ocurrió en Dallas, Estados Unidos, en septiembre de 2018. La oficial de policía Amber Guyger regresaba a su casa después del trabajo cuando, por error, entró en el apartamento equivocado — ubicado un piso debajo del suyo — creyendo que era su propio apartamento. Al ver a Botham Jean, un joven afroamericano de 26 años, sentado dentro del apartamento, pensó que se trataba de un intruso y le disparó, causándole la muerte en el acto. Solo después se dio cuenta de que estaba en el hogar de la víctima. El caso causó una enorme conmoción.

Meses más tarde, durante el juicio, el mundo quedó impactado cuando Brandt Jean, hermano de Botham, declaró que la perdonaba y expresó que su mayor deseo era que ella conociera a Jesús, el único capaz de transformar vidas. Luego, pidió permiso al juez para abrazarla.

Al leer esta historia, se hace evidente el contraste entre la lógica humana y el corazón del evangelio. Todo en nosotros clama por justicia, por castigo, por una venganza proporcional al dolor sufrido. Sin embargo, Brandt eligió un camino más alto. No negó la gravedad del pecado ni minimizó la pérdida de su hermano, pero decidió desear algo mayor: la salvación de aquella mujer.

Jesús nos enseñó este camino cuando dijo: “Amen a sus enemigos y oren por los que los persiguen.” (Mateo 5:44, NTV). Amar no es aprobar el error; es desear que el otro sea alcanzado por la misma gracia que un día nos alcanzó a nosotros. La cruz nos recuerda que todos necesitábamos perdón y que Cristo murió no para satisfacer nuestra sed de venganza, sino para ofrecer reconciliación.

El apóstol Pablo refuerza esta verdad cuando escribe: “Nunca tomen venganza. Dejen que se encargue de eso la justicia de Dios, pues dicen las Escrituras: ‘Yo tomaré venganza; yo les pagaré lo que se merecen’, dice el Señor.” (Romanos 12:19, NTV). Cuando renunciamos a la venganza, confiamos la justicia a Dios y elegimos cooperar con el propósito mayor del cielo: salvar vidas.

Desear la salvación de alguien por encima del castigo es una señal de madurez espiritual. Es reconocer que la justicia de Dios es más profunda que la nuestra y que la transformación de un corazón vale más que cualquier sentencia humana.

Oración: Señor, ayúdame a tener un corazón semejante al Tuyo. Líbrame del deseo de venganza y enséñame a desear la salvación de las personas, incluso cuando me hieren profundamente. Que Tu gracia gobierne mis actitudes. Amén.

Versículo del día: “Dios bendice a los que son misericordiosos, porque a ellos se les mostrará misericordia.” (Mateo 5:7, NTV).

Loading

Compartilhe:

Adicionar um Comentário

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *