Fabricantes y distribuidores de mentiras

El avance acelerado de la inteligencia artificial ha transformado herramientas antes restringidas a especialistas en recursos accesibles para cualquier persona con un teléfono móvil y conexión a internet. En pocos clics, es posible crear imágenes, voces y videos altamente realistas, capaces de confundir, engañar y dañar. Utilizada sin conciencia, la inteligencia artificial deja de ser solo innovación y pasa a convertirse en un arma silenciosa, con el potencial de destruir vidas. Para muchos, la inteligencia artificial se ha transformado en una fábrica de mentiras.
Al reflexionar sobre esto, percibo cuánto este escenario desafía directamente mi fe. Siempre aprendí que sigo a Aquel que es la Verdad, pero vivo en un tiempo en el que la mentira se ha sofisticado, ha adquirido apariencia de verdad y se propaga a una velocidad alarmante. Nunca fue tan fácil mentir —y nunca fue tan fácil participar de la mentira sin darse cuenta, simplemente al compartir algo sin verificarlo.
La Palabra de Dios nos advierte con claridad: «No darás falso testimonio contra tu prójimo» (Éxodo 20:16, NVI). Este mandamiento no se limita a tribunales o acusaciones formales. También alcanza aquello que reproduzco, difundo y legitimo con un clic. Cuando comparto una noticia falsa, una información distorsionada o un contenido manipulado, me convierto en parte activa del engaño, aun cuando mi intención no sea dañar. Aunque no sea fabricante de mentiras, puedo, sin saberlo, convertirme en distribuidor de ellas.
Jesús afirmó: «Sea su palabra “sí, sí”, o “no, no”; lo que pase de allí proviene del maligno» (Mateo 5:37, NVI). Vivimos días en los que “lo que pasa de allí” se multiplica en titulares sensacionalistas, videos alterados y narrativas fabricadas. Como cristianos, somos llamados a un estándar más alto. No podemos normalizar la mentira solo porque es popular, viral o conveniente.
La Biblia también declara: «El Señor detesta los labios mentirosos, pero se complace en los que dicen la verdad» (Proverbios 12:22, NVI). Esto nos lleva a una pregunta honesta: ¿se agrada Dios de lo que he estado compartiendo? Antes de reenviar cualquier contenido, somos llamados a ejercer discernimiento, responsabilidad y amor al prójimo. «Examínenlo todo y retengan lo bueno» (1 Tesalonicenses 5:21, NVI).
En un mundo donde la mentira se disfraza de tecnología, seguimos siendo llamados a reflejar el carácter de Cristo. Que seamos conocidos no por la prisa en compartir, sino por la fidelidad a la verdad. Después de todo, «conocerán la verdad, y la verdad los hará libres» (Juan 8:32, NVI).
Oración: Señor, guarda mi corazón y mi mente en tiempos de tanta confusión. Dame discernimiento para amar la verdad, valentía para rechazar la mentira y responsabilidad en el uso de las palabras y de los contenidos que comparto. Que honre tu nombre también en el mundo digital. Amén.
Versículo del día: «Compra la verdad y no la vendas» (Proverbios 23:23, NVI)
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