Es tiempo de cambio

Hoy me estoy mudando de apartamento. Quienes ya han pasado por esa experiencia saben bien lo que significa: encontrar cosas que estaban perdidas, deshacerse de trastos acumulados a lo largo de los años, reorganizar ambientes, desmontar y armar muebles, empacar todo. No es solo agotador, también es revelador.

En nuestra vida espiritual ocurre algo parecido. Hay momentos en que Dios nos llama a una “mudanza” interior, un tiempo de desapego, reorganización y redescubrimientos. “Deshagámonos de todo peso que nos impida correr, especialmente del pecado que tan fácilmente nos hace tropezar. Y corramos con perseverancia la carrera que Dios nos ha puesto por delante” (Hebreos 12:1, NTV). Así como en una mudanza, necesitamos dejar atrás aquello que solo ocupa espacio: pecados, resentimientos, heridas y hábitos que no edifican.

También somos llamados a reorganizar nuestras prioridades, poniendo al Señor en el centro del “nuevo ambiente” de nuestra vida. Y en medio de esa limpieza, podemos reencontrar dones y sueños que estaban olvidados, pero que Dios quiere usar otra vez.

Finalmente, ¿qué está en mi corazón en este día de mudanza? Que, así como una mudanza limpia y reorganiza una casa, Dios quiere limpiar y reorganizar nuestra vida para que Él sea el centro.

Oración: Señor, gracias porque tu Espíritu me invita a dejar atrás lo que no edifica. Ayúdame a soltar todo lo que pesa, a reorganizar mi vida y a vivir contigo en el centro de todo. Amén.

Versículo clave: “Deshagámonos de todo peso que nos impida correr, especialmente del pecado que tan fácilmente nos hace tropezar. Y corramos con perseverancia la carrera que Dios nos ha puesto por delante.” (Hebreos 12:1, NTV)

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