El hombre que renució a ser rey

Peter Rufai fue un príncipe real nigeriano que decidió renunciar a la sucesión al trono de su padre para convertirse en futbolista. Rufai eligió seguir su corazón y representar a Nigeria en el fútbol mundial, jugando como portero. Su decisión de renunciar a una vida de lujos y privilegios para jugar al fútbol impresionó a todos en su país. Rufai falleció la semana pasada, el 3 de julio, a los 61 años, debido a complicaciones de salud. Fue ampliamente reconocido por su trayectoria, tanto deportiva como por su decisión de renunciar al poder real.

Al leer la historia de Rufai, es inevitable recordar otra renuncia. Pero una renuncia infinitamente mayor que la de Rufai. Una renuncia que ocurrió hace 2 mil años y que aún impacta vidas: la renuncia a Jesucristo.
Jesús renunció a mucho más que a un trono o una corona de rey. Jesús renunció a su condición divina, la gloria suprema en el reino de los cielos, donde fue exaltado y celebrado por los ángeles. “Aunque era Dios, no consideró que el ser igual a Dios fuera algo a lo cual aferrarse” (Filipenses 2:6).
Pero hay algo aún más importante, que hace que la renuncia de Jesús sea mucho mayor que la de Rufai o la de cualquier otro hombre en este planeta: Jesús no renunció a su trono a cambio de una carrera exitosa. Renunció a su trono para morir, por mí y por ti, en una muerte cruel y humillante. “En cambio, renunció a sus privilegios divinos; adoptó la humilde posición de un esclavo y nació como un ser humano. Cuando apareció en forma de hombre, se humilló a sí mismo en obediencia a Dios y murió en una cruz como morían los criminales”. (Filipenses 2:7-8).
Gracias a esta renuncia, tú y yo hoy tenemos acceso a la gracia y la misericordia del Señor. Y por eso, hoy renuncio a todo para vivir la vida de Cristo. Porque Él mismo me dijo: “Si alguno de ustedes quiere ser mi seguidor, tiene que abandonar su propia manera de vivir, tomar su cruz y seguirme. Si tratas de aferrarte a la vida, la perderás, pero si entregas tu vida por mi causa, la salvarás”. Mateo 16:24-25
Oración: Señor, en todos lo días de mi vida quiero dar gracias por la renuncia de Cristo, que me trajo la salvación y la vida eterna. Pero decido también yo renunciar a todo para vivir la vida de Cristo. Amén.
Texto base:
5 Tengan la misma actitud que tuvo Cristo Jesús.
6 Aunque era Dios, no consideró que el ser igual a Dios fuera algo a lo cual aferrarse.
7 En cambio, renunció a sus privilegios divinos; adoptó la humilde posición de un esclavo y nació como un ser humano. Cuando apareció en forma de hombre,
8 se humilló a sí mismo en obediencia a Dios y murió en una cruz como morían los criminales.
9 Por lo tanto, Dios lo elevó al lugar de máximo honor y le dio el nombre que está por encima de todos los demás nombres
10 para que, ante el nombre de Jesús, se doble toda rodilla en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra,
11 y toda lengua declare que Jesucristo es el Señor para la gloria de Dios Padre.
(NTV) Filipenses 2:5-11
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