Ahora viene el misterio

Ocurrió en Brooklyn, Nueva York, en Estados Unidos, el 8 de marzo de 1887. El famoso predicador protestante Henry Ward Beecher, uno de los ministros más influyentes del siglo XIX y pastor de la Plymouth Church, murió a los 73 años después de sufrir un derrame algunos días antes. Conocido por sus sermones elocuentes y por su firme defensa de la abolición de la esclavitud, Beecher fue una de las figuras religiosas más famosas de su época. En sus últimos momentos, rodeado de su familia, habría pronunciado una frase que se volvió célebre y que da título a esta reflexión: “Ahora viene el misterio”, en referencia a lo que le esperaba después de la muerte. Su fallecimiento causó gran conmoción pública, y más de 100 mil personas pasaron por su funeral para despedirse del predicador.

Esa frase contiene una profunda reflexión. Aun con todo lo que sabemos por la Palabra de Dios, la eternidad todavía tiene un aspecto de misterio para nosotros. La Biblia nos revela muchas verdades: habla del cielo, de la presencia de Dios, de la vida eterna y de la esperanza reservada para quienes pertenecen a Cristo. Pero también es verdad que nuestra comprensión todavía es limitada. Vivimos por fe, no por vista.

El apóstol Pablo lo expresa de manera extraordinaria: “Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman.” (1 Corintios 2:9, RVR1960).

Por eso, cuando pensamos en la eternidad, hay algo que al mismo tiempo nos llena de paz y de reverencia: sabemos quién nos espera, aunque todavía no sepamos plenamente cómo será. La Biblia revela lo suficiente para alimentar nuestra esperanza, pero también conserva un velo de misterio que solo será quitado cuando estemos delante de Dios.

Si lo poco que ya conocemos es tan glorioso —la ausencia de dolor, la presencia del Señor, la plenitud de la vida— imagina aquello que aún no logramos comprender. Lo que Dios ha preparado para los que lo aman supera cualquier descripción humana.

Así, la eternidad es al mismo tiempo extraordinaria y misteriosa: extraordinaria porque proviene de las manos de un Dios perfecto; misteriosa porque nuestra mente finita todavía no puede abarcar toda su grandeza.

Y quizás precisamente por eso la esperanza cristiana es tan poderosa: no caminamos hacia lo desconocido, sino hacia el encuentro con Aquel que nos ama.

Oración: Señor, gracias por la promesa de la vida eterna. Aunque no comprendamos todos los misterios de la eternidad, confiamos en Ti. Fortalece nuestra fe para vivir hoy con esperanza, sabiendo que lo que nos espera contigo es infinitamente mejor de lo que podemos imaginar. Amén.

Versículo del día: “Porque ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido.” (1 Corintios 13:12, RVR1960).

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