Cuando detenerse no es una opción

Dios creó el planeta y todo lo que hay en él de una manera sorprendente, y cuanto más estudiamos y aprendemos sobre la creación, más se confirma su complejidad y sabiduría.

Recientemente, aprendí que algunas especies de tiburones, como el tiburón blanco, necesitan mantenerse en movimiento para que el agua pase continuamente por sus branquias y les proporcione oxígeno. En otras palabras, para estos animales, dejar de nadar puede significar dejar de respirar.

Esto me hizo pensar que, en nuestra vida espiritual, cuando dejamos de avanzar, podemos comenzar a morir espiritualmente. Por eso necesitamos permanecer constantemente unidos a Cristo, cultivando una vida de oración, leyendo la Palabra de Dios y manteniendo comunión con nuestros hermanos.

Jesús dijo: “Permanezcan en mí, y yo permaneceré en ustedes.” (Juan 15:4). Cuando permanecemos en Cristo, estamos espiritualmente vivos porque Él permanece en nosotros. Nuestra vida no se sostiene por nuestra propia fuerza, sino por nuestra permanencia en Aquel que es la fuente de la vida.

También es interesante pensar que el tiburón no nada para demostrar que está vivo; nada porque está vivo. De la misma manera, nuestras disciplinas espirituales no deberían ser un intento de convencer a Dios de que somos buenos cristianos. Oramos, leemos la Biblia y buscamos la presencia de Dios porque hemos recibido vida de Él y queremos permanecer en Él.

Finalmente, recuerdo las palabras de Pablo. Él sabía que no podía simplemente detenerse, sino que necesitaba continuar avanzando: “No, amados hermanos, no lo he logrado, pero me concentro únicamente en esto: olvido el pasado y fijo la mirada en lo que tengo por delante, y así avanzo hasta llegar al final de la carrera para recibir el premio celestial al cual Dios nos llama por medio de Cristo Jesús.” (Filipenses 3:13-14 | NTV).

Esta reflexión no es un llamado al activismo cristiano extremo. Todo cristiano necesita momentos de descanso de sus actividades en la iglesia y en el ministerio. Sin embargo, ese tiempo de descanso no debe significar abandonar la oración y la Palabra. Ellas son alimento. Y nadie deja de comer cuando se va de vacaciones. Puede cambiar los horarios de las comidas, pero continúa alimentándose.

En la vida cristiana podemos disminuir el ritmo, pero nunca podemos interrumpir aquello que mantiene nuestra alma viva: permanecer en Cristo.

Oración: Señor, ayúdame a permanecer en Ti todos los días. Que nunca deje de buscar Tu presencia, alimentarme de Tu Palabra y avanzar en mi caminar contigo. Amén.

Versículo del día: “Permanezcan en mí, y yo permaneceré en ustedes. Pues una rama no puede producir fruto si la cortan de la vid, y ustedes tampoco pueden ser fructíferos a menos que permanezcan en mí.” (Juan 15:4 | NTV)

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