El desafío de hacer lo correcto

Vivimos tiempos en los que no todas las personas están dispuestas a hacer lo correcto. Yo mismo, no pocas veces, me resisto a hacer lo que debería hacerse. Y esta realidad se aplica tanto a las cosas pequeñas y cotidianas, como recoger y tirar a la basura un papel que otra persona dejó en el suelo, como a asuntos de mayor impacto, como no mentir en una entrevista de trabajo o en un proceso de visa para los Estados Unidos.
Todos los días somos desafiados a hacer lo correcto: llegar a tiempo a una cita, verificar la veracidad de una información antes de compartirla por WhatsApp, negarse a hablar mal de alguien a sus espaldas, dar crédito a la idea de otra persona, agradecer sinceramente por un servicio bien prestado o simplemente tratar con respeto a alguien que no puede ofrecernos nada a cambio.
Estoy seguro de que, al menos una vez al mes, tengo la oportunidad de ceder mi asiento a alguien que lo necesita más que yo, hacer el bien a alguien que me ha hecho daño o devolver un objeto perdido a su dueño. Y, por lo menos una vez al año, tengo la oportunidad de decir la verdad o mentir en mi declaración de impuestos.
Todos los ejemplos mencionados en esta reflexión tienen algo en común: benefician más a los demás que a nosotros mismos.
Entonces recuerdo lo que escribió el sabio en el libro de Proverbios: “La gente íntegra camina segura, pero el que sigue sendas torcidas será descubierto.” (Proverbios 10:9, NTV). La integridad hace seguro el camino de una persona. Por lo tanto, la falta de integridad vuelve ese camino inestable.
Jesús también nos enseñó diciendo: “Traten a los demás como les gustaría que ellos los trataran a ustedes.” (Lucas 6:31, NTV). Y estoy seguro de que los hombres no hicieron con Jesús lo que les hubiera gustado que hicieran con ellos mismos. Por el contrario, prefirieron rechazarlo, humillarlo y finalmente crucificarlo.
Hacer lo correcto no siempre trae ventajas inmediatas. Muchas veces cuesta tiempo, dinero, comodidad, reconocimiento e incluso oportunidades. Pero la integridad nunca debe medirse por los beneficios que recibimos, sino por la fidelidad que demostramos delante de Dios.
Al final de la vida, no seremos recordados por las pequeñas ventajas que obtuvimos mediante atajos, sino por las decisiones correctas que tomamos cuando nadie estaba mirando. El carácter se construye precisamente en esos momentos silenciosos en los que tenemos la opción de hacer lo incorrecto y elegimos hacer lo correcto.
Todos los días Dios nos pone delante de estas decisiones. Y cada una de ellas es una oportunidad para parecernos un poco más a Cristo.
Oración: Señor, ayúdame a hacer lo correcto aun cuando nadie esté mirando y cuando eso no me traiga un beneficio inmediato. Dame valor para escoger la verdad en lugar de la mentira, la integridad en lugar de la conveniencia y el amor al prójimo en lugar del egoísmo. Que mis actitudes reflejen el carácter de Cristo en todas las áreas de mi vida. En el nombre de Jesús, amén.
Versículo del día: “La gente íntegra camina segura, pero el que sigue sendas torcidas será descubierto.” (Proverbios 10:9, NTV)
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