El alimento contaminado

Ocurrió en Leawood, Kansas, Estados Unidos, en 2024. El empleado Jace Hanson, de 21 años, fue arrestado después de que la policía descubriera que había contaminado deliberadamente alimentos en un restaurante de la cadena Hereford House durante varias semanas. Según la investigación, Hanson se grababa orinando sobre alimentos, escupiendo en recipientes y frotando comida en partes íntimas de su cuerpo antes de que fuera servida a los clientes. Los videos fueron publicados en internet y denunciados al FBI. Durante el interrogatorio, admitió haber contaminado alimentos más de veinte veces en menos de un mes. Cientos de clientes reportaron síntomas de enfermedad después de comer en el restaurante, y el caso provocó demandas judiciales, el cierre de una de las sucursales y una condena de más de 11 años de prisión para Hanson.
Esta historia provoca repulsión porque revela algo inquietante: los clientes observaban platos aparentemente normales, pero no tenían idea de lo que había ocurrido en la cocina. La apariencia era buena, la presentación era atractiva, pero el alimento estaba contaminado.
Todo esto nos lleva a una importante reflexión espiritual.
Vivimos en una generación rodeada de mensajes, predicaciones, videos, influenciadores, maestros y contenidos cristianos. Nunca ha habido tanta oferta de alimento espiritual. Pero la pregunta sigue siendo necesaria: ¿de dónde proviene aquello que estoy consumiendo? Un restaurante puede parecer limpio donde se sirven los platos, pero es lo que sucede en la cocina lo que determina cómo llegará la comida a tu mesa.
Lo mismo ocurre con el alimento espiritual. Existen mensajes que parecen bíblicos, emocionantes e inspiradores, pero que fueron preparados en cocinas contaminadas por el orgullo, la avaricia, la manipulación o la distorsión de la verdad.
La advertencia de Jesús sigue siendo actual: “Tengan cuidado con la levadura de los fariseos y de los saduceos” (Mateo 16:6, NTV). La levadura parecía algo pequeño, pero contaminaba toda la masa. De la misma manera, un pequeño error doctrinal, una interpretación distorsionada o un mensaje centrado en el hombre y no en Dios puede contaminar profundamente la vida espiritual de una persona.
Por eso la Biblia nos llama al discernimiento. El apóstol Juan escribió: “Amados amigos, no les crean a todos los que afirman hablar de parte del Espíritu. Pónganlos a prueba para ver si el espíritu que tienen proviene de Dios” (1 Juan 4:1, NTV).
No todo lo que tiene apariencia de alimento saludable realmente lo es. No todo lo que habla de Dios viene de Dios. No todo lo que emociona produce transformación.
Por eso, el cristiano maduro no depende únicamente de lo que otros le sirven. Aprende a ir directamente a la fuente. El salmista declaró: “Tu palabra es una lámpara que guía mis pies y una luz para mi camino” (Salmos 119:105, NTV).
La Palabra de Dios es la fuente segura. Los pastores, líderes y maestros son importantes. Dios los ha establecido para la edificación de la Iglesia. Pero ninguno de ellos sustituye la relación personal con las Escrituras.
Quien conoce la Palabra reconoce cuando algo está contaminado. Quien no la conoce corre el riesgo de consumir cualquier cosa. En tiempos de tanta confusión espiritual, quizás nunca haya sido tan importante volver a la fuente.
Porque aquello que alimenta tu alma moldea tu vida.
Oración: Señor, dame discernimiento para reconocer aquello que viene de Ti y rechazar todo lo que esté contaminado por el error. Que no viva únicamente de lo que escucho de los hombres, sino que desarrolle amor, disciplina y profundidad en el estudio de Tu Palabra. Guarda mi corazón de todo engaño y alimenta mi alma con la verdad que viene de Ti. En el nombre de Jesús, amén.
Versículo del día: “Tu palabra es una lámpara que guía mis pies y una luz para mi camino.” (Salmos 119:105, NTV)
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