“Burro, hijo de burro”

El poeta iraquí Ahmed Matar escribió un cuento sobre un joven burro que dejó de comer al darse cuenta de que los humanos usan la palabra “burro” como insulto. Triste y abatido, el pequeño burro le pregunta a su padre:
“— La gente se burla de nosotros, los burros. Cuando alguien hace algo mal, lo llaman ‘burro’. ¿De verdad somos así?”
El padre respondió:
“— Hijo mío, los seres humanos fueron creados por Dios y hechos superiores a las demás criaturas. Pero se han hecho mucho daño a sí mismos y han comenzado a perjudicarnos también a nosotros, los burros. Dime: ¿alguna vez has visto a un burro robarle dinero a su propio hermano? ¿Has visto a un burro torturar a otro burro? ¿Has visto a un burro discriminar a otro? ¿Has visto a un burro espiar para otro país y conspirar contra los suyos? Hijo, deja que digan lo que quieran. Para nosotros es motivo de orgullo no mentir, no matar, no robar, no chismear, no maldecir ni alegrarnos del mal ajeno.”
El cuento termina con el joven burro convencido y decidido a sentirse orgulloso de ser “burro”, valorando virtudes como la honestidad, el trabajo y la paz, en contraste con la corrupción humana.
Esta historia, aunque sencilla, revela una verdad profunda: el problema nunca fue la falta de capacidad — fue la corrupción del corazón humano. El hombre fue creado a imagen de Dios, con valor, propósito y autoridad. Pero al alejarse de Él, comenzó a vivir de forma distorsionada.
La Biblia lo afirma: “El corazón humano es lo más engañoso que hay y extremadamente perverso. ¿Quién realmente sabe qué tan malo es?” (Jeremías 17:9, NTV). El mayor problema del ser humano no está fuera… está dentro.
Y es curioso notar que muchas veces aquello que llamamos “inferior” termina confrontándonos. El cuento invierte la lógica: lo que debería avergonzar al hombre se ha vuelto común, mientras que cualidades simples como la honestidad, la verdad y la paz se vuelven cada vez más escasas.
En ese contexto, la Palabra declara: “Dios escogió lo que el mundo considera ridículo para avergonzar a los que se creen sabios…” (1 Corintios 1:27, NTV). Dios usa lo simple para exponer lo complejo, lo inesperado para confrontar el orgullo, lo básico para revelar lo esencial.
El problema no es inteligencia, posición o capacidad. Es un corazón desconectado de Dios.
Por eso, la transformación que Dios propone no comienza por fuera, sino por dentro. Como está escrito:
“Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio y renueva un espíritu fiel dentro de mí.” (Salmos 51:10, NTV).
El cambio verdadero no es una mejora externa, es una renovación interna.
Al final, la reflexión es incómoda, pero necesaria: el ser humano, creado para reflejar a Dios, muchas veces vive por debajo del propósito para el cual fue formado.
Y quizá la pregunta más honesta es: ¿mi corazón refleja más la verdad de Dios o la corrupción de este mundo? Porque Dios no busca apariencia de sabiduría. Él busca corazones transformados.
Oración: Señor, reconozco que necesito transformación en mi interior. Líbrame de un corazón corrompido y alinea mis pensamientos y acciones con Tu verdad. Enséñame a vivir con sencillez, integridad y temor delante de Ti. Crea en mí un corazón limpio y firme. En el nombre de Jesús, amén.
Versiculo del dia: “Dios escogió lo que el mundo considera ridículo para avergonzar a los que se creen sabios.” (1 Corintios 1:27, NTV)
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