¿Los pájaros cantan porque son felices… o son felices porque cantan?

En una reunión de pastores de la Iglesia Cuadrangular en Colombia, el pastor Omar Dávila, de Bogotá, lanzó esta pregunta que da título a esta reflexión: “¿los pájaros cantan porque son felices… o son felices porque cantan?”

Al buscar en redes un poco sobre el tema, encontré que en 1973, el investigador estadounidense Peter Marler, especialista en comportamiento animal, estudió el canto de las aves y llegó a una conclusión interesante: el canto no es solo una reacción al entorno, sino una parte activa del comportamiento que influye en el propio estado del animal. Es decir, el pájaro no canta únicamente porque está bien — cantar también forma parte de lo que lo mantiene en equilibrio.

En la Palabra de Dios vemos claramente que la adoración no depende de las circunstancias.

El profeta Habacuc declaró: “Aunque las higueras no florezcan y no haya uvas en las vides; aunque se pierda la cosecha de oliva y los campos queden vacíos y no den fruto; aunque los rebaños mueran en los campos y los establos estén vacíos, aun así me alegraré en el Señor; me gozaré en el Dios de mi salvación.” (Habacuc 3:17–18, NTV)

Job, después de perderlo todo, respondió así: “Entonces Job se levantó y rasgó su manto; se afeitó la cabeza y se postró en el suelo para adorar. Y dijo: ‘Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré. El Señor me dio lo que tenía, y el Señor me lo ha quitado. ¡Alabado sea el nombre del Señor!’” (Job 1:20–21, NTV)

Y en una prisión, encadenados, heridos y golpeados: “Alrededor de la medianoche, Pablo y Silas estaban orando y cantando himnos a Dios, y los demás prisioneros los escuchaban.” (Hechos 16:25, NTV)

Pero muchas veces hacemos lo contrario. Esperamos sentirnos mejor para adorar. Queremos entender antes de confiar. Esperamos la respuesta antes de levantar la voz.

El Reino funciona al revés. Pablo y Silas cantaron antes de que se abrieran las puertas. Habacuc se alegró antes de ver la provisión. Job adoró cuando ya no tenía nada.

La alabanza no siempre es el resultado de la victoria — muchas veces es el camino hacia ella.

Hay días en los que cantar parece incoherente. Momentos en los que adorar parece ir en contra del dolor. Pero es precisamente ahí donde nace lo que la Biblia llama “sacrificio de alabanza”: “Por lo tanto, por medio de Jesús, ofrezcamos continuamente a Dios un sacrificio de alabanza, es decir, el fruto de labios que confiesan su nombre.” (Hebreos 13:15, NTV)

Adorar cuando todo está bien es gratitud. Adorar cuando nada tiene sentido es fe. Y hay un misterio en esto: cuando cantas, algo dentro de ti se alinea antes de que algo a tu alrededor cambie.

Tal vez los pájaros nos enseñan sin saberlo: la alegría no siempre es la causa del canto… muchas veces es el fruto de él.

Oración: Señor, cuando no entienda, enséñame a confiar. Cuando no sienta, enséñame a adorar. Que mis labios no dependan de las circunstancias, sino de la certeza de quién eres Tú. Ayúdame a cantar antes de la respuesta, a confiar antes del milagro y a permanecer firme aun en medio del dolor. En el nombre de Jesús, amén.

Versiculo del dia: “Bendeciré al Señor en todo tiempo; su alabanza estará siempre en mis labios.” (Salmos 34:1, NTV)

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