Toda acción tiene consecuencias

Un profesor entró al salón de clases y encontró su silla colgada del techo.
Miró a los alumnos, sonrió y, sin decir una palabra, escribió en la pizarra:
Examen – 15 minutos, 30 puntos

  • Pregunta 1: Calcula la distancia entre la silla y el suelo (1 punto).
  • Pregunta 2: Calcula el ángulo de inclinación de la silla (1 punto).
  • Pregunta 3: Escribe el nombre del alumno que colgó la silla y de los compañeros que lo ayudaron (28 puntos).

De repente, la broma perdió la gracia.

Esa escena me hace reflexionar: toda acción tiene consecuencias. Podemos reír en el momento, pensar que “no es gran cosa”, pero siempre llega el tiempo de rendir cuentas.

La Biblia es clara: “No se dejen engañar: nadie puede burlarse de la justicia de Dios. Siempre se cosecha lo que se siembra.” (Gálatas 6:7, NTV).

Cada decisión es una semilla. Palabras, actitudes, decisiones ocultas —todo es siembra. Y toda semilla produce fruto, tarde o temprano.

También está escrito: “Así que cada uno de nosotros tendrá que rendir cuentas a Dios.” (Romanos 14:12, NTV).

No rendiré cuentas por otros, sino por mí. No puedo transferir la responsabilidad. Delante de Dios no habrá anonimato, ni manera de esconder quién “colgó la silla”.

Esta verdad no debe producir un miedo paralizante, sino conciencia. Si sé que cosecharé lo que siembro, necesito sembrar con sabiduría. Si sé que rendiré cuentas, debo vivir con integridad.

Toda acción lleva un futuro dentro de ella.
Hoy, ¿qué tipo de cosecha estoy preparando?

Oración: Señor, ayúdame a vivir con responsabilidad delante de Ti. Que mis decisiones sean semillas de vida y no de arrepentimiento. Dame conciencia de que siempre rendiré cuentas ante Ti. Amén.

Versículo del día: “No se dejen engañar: nadie puede burlarse de la justicia de Dios. Siempre se cosecha lo que se siembra” (Gálatas 6:7, NTV).

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