¿Subirías a ese barco?

Imagina que entras en una máquina del tiempo y eres llevado al 10 de abril de 1912, en Southampton, Inglaterra. Tienes en tus manos un boleto para embarcar en el Titanic, rumbo a Nueva York. ¿Subirías a ese barco?
Creo que para la mayoría de las personas sensatas de nuestro tiempo, la respuesta sería un rotundo “no, de ninguna manera”. Claro que siempre habrá algún aventurero dispuesto a arriesgarse en un viaje cuyo final ya conocemos. Pero la gran mayoría no subiría. Conocer el desenlace cambia por completo la decisión del presente.
Eso es exactamente lo que hace la Palabra de Dios con nosotros. Nos revela el destino de dos caminos.
“Hay camino que al hombre le parece correcto, pero termina en muerte.” (Proverbios 14:12, NTV).
Muchas decisiones parecen seguras, atractivas y prometedoras — como el Titanic lo parecía. Pero Dios, en Su gracia, ya nos mostró el final de una vida lejos de Él.
Jesús fue claro al decir: “Puedes entrar en el reino de Dios sólo a través de la puerta angosta… La carretera al infierno es amplia y la puerta es ancha para los muchos que escogen ese camino.” (Mateo 7:13, NTV).
Si sé a dónde conduce un camino, mi responsabilidad aumenta. No puedo alegar ignorancia. Así como nadie hoy abordaría inocentemente el Titanic, tampoco puedo caminar despreocupadamente por una senda cuyo final Dios ya reveló.
La gran pregunta no es sobre 1912. Es sobre hoy. ¿Estoy eligiendo mis caminos a la luz de la eternidad? ¿O me estoy dejando impresionar solamente por la apariencia del “barco”?
Oración: Señor, dame discernimiento para elegir a la luz del final. Que no me deslumbre por las apariencias, sino que camine según Tu Palabra. Guárdame de decisiones que parecen seguras, pero me alejan de Ti. Amén.
Versículo del día: “Así que tengan cuidado de cómo viven. No vivan como necios sino como sabios. Saquen el mayor provecho de cada oportunidad en estos días malos.” (Efesios 5:15–16, NTV).
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