Alertas ignorados

Ocurrió en Olinda, Brasil, el 29 de enero de 2026. Un adolescente llamado Deivson Rocha Dantas, de 13 años, fue atacado por un tiburón mientras estaba en el mar, en la Playa Del Chifre, en el litoral norte de la Región Metropolitana de Recife. El joven sufrió una mordida grave en la pierna, con intensa pérdida de sangre. Fue sacado del agua por bañistas y llevado al Hospital Tricentenario, pero llegó sin vida a la unidad de salud.
El lugar donde fue atacado es históricamente conocido por registros recurrentes de ataques de tiburón. Hay señales de advertencia que alertan sobre el riesgo y recomiendan que los bañistas eviten entrar al mar, especialmente en áreas profundas o fuera de los tramos considerados más seguros. Aun acompañado de amigos y familiares, el adolescente ignoró los avisos — y pagó un precio muy alto, perdiendo la vida.
Esta historia me lleva a pensar en las advertencias. Las señales estaban allí. El historial era conocido. El peligro era real. Aun así, fue ignorado.
¿Cuántas veces hacemos lo mismo con las advertencias de la Palabra de Dios?
La Biblia no esconde los riesgos del pecado ni suaviza sus consecuencias. Al contrario, nos advierte con claridad: “El prudente ve el peligro y se esconde; los inexpertos siguen adelante y sufren las consecuencias” (Proverbios 22:3, NTV). Dios no coloca advertencias para limitar nuestra alegría, sino para preservar nuestra vida.
Vivimos en una generación que relativiza las advertencias divinas. Muchos piensan: “Nada me va a pasar”, “Yo sé hasta dónde puedo llegar”, “Conmigo será diferente”. Pero el peligro no deja de existir porque decidimos ignorarlo. La Escritura declara: “No se dejen engañar. Nadie puede burlarse de la justicia de Dios. Siempre se cosecha lo que se siembra” (Gálatas 6:7, NTV).
Las advertencias de Dios son expresión de amor. Así como las señales en la playa apuntan a un riesgo invisible bajo el agua, la Palabra revela peligros espirituales que no siempre vemos de inmediato. El Señor nos llama a la vigilancia: “Manténganse alerta. Cuídense de su gran enemigo, el diablo, porque anda al acecho como león rugiente, buscando a quién devorar” (1 Pedro 5:8, NTV).
No puedo tratar con ligereza lo que Dios trata con seriedad. No podemos jugar con áreas que Él ya declaró peligrosas. La obediencia no es exageración; es protección.
Que aprendamos a tomar en serio cada advertencia de la Palabra. Porque las señales siguen allí. E ignorarlas siempre traerá consecuencias.
Oración: Señor, dame un corazón prudente, sensible a tus advertencias. Líbrame de la presunción y enséñame a obedecer antes de que sea demasiado tarde.
Versículo del día: “Benditos son los que temen al Señor; pero los que endurecen su corazón caerán en la desgracia” (Proverbios 28:14, NTV).
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