Si ellos anuncian la muerte, nosotros anunciamos la vida

Ocurrió en Cali, Colombia, el 25 de octubre de 2025. Una joven llamada María José Ardila, de 23 años, entró en coma alcohólico después de participar en un desafío de consumo de bebidas alcohólicas en una discoteca de la ciudad llamada Sagsa Bar. El desafío consistía en ingerir rápidamente grandes cantidades de alcohol, bajo reglas que impedían beber agua o hacer pausas adecuadas. Poco después, María José se sintió mal, perdió el conocimiento y fue trasladada en estado crítico a una unidad hospitalaria, donde permaneció en la UCI. A pesar de los esfuerzos médicos, su condición evolucionó a muerte cerebral, y falleció el 31 de octubre de 2025.

Lo más impactante de esta historia es que este absurdo desafío fue promovido por una empresa legalmente establecida en el país, llamada Sagsa Bar. Un desafío que durante varios días fue divulgado y promovido en redes sociales, delante de los ojos de la sociedad y de las autoridades, y nada se hizo para impedir una muerte anunciada.

Al leer esta historia, mi corazón sufre. Lo que más me asusta no es solo la tragedia en sí, sino el hecho de que la muerte fue anunciada, fue promovida, celebrada, compartida y normalizada. Vivimos tiempos en que desafíos mortales ocupan escenario, mientras el valor de la vida se vacía silenciosamente. La Palabra de Dios ya nos advertía que “la paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23a, RVR1960), pero parece que muchos han comenzado a tratar esto como entretenimiento.

Ante este escenario, no puedo callar. No podemos callar. Si el mundo anuncia la muerte con luces, música y algoritmos, nosotros somos llamados a anunciar la vida, y no cualquier vida, sino la verdadera vida. Jesús declaró con claridad: “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10b, RVR1960). La iglesia no fue llamada a competir con el ruido de la muerte, sino a romper el silencio con la verdad que salva.

Anunciar la vida es un acto de amor y también de valentía. Es nadar contra la corriente, es decir “no” cuando todos dicen “sí”, es ofrecer esperanza donde solo hay vacío. Somos embajadores de Cristo en un mundo que coquetea con la autodestrucción. La Escritura nos recuerda que “no quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino, y que viva” (Ezequiel 33:11, RVR1960).

Por eso, nuestra misión es clara. Si ellos anuncian la muerte, nosotros anunciaremos la vida. Si ellos promueven desafíos que conducen al fin, nosotros proclamaremos el Camino que lleva a la eternidad. “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida” (Juan 14:6, RVR1960). Que nuestras palabras, actitudes y testimonio sean un anuncio vivo de que todavía hay esperanza en Cristo Jesús.

Oración: Señor, no permitas que guardemos silencio ante una generación que coquetea con la muerte. Úsanos para anunciar la vida, la verdadera vida que solo existe en Cristo Jesús.

Versículo del día: “El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida” (1 Juan 5:12, RVR1960).

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