Transmitido a nivel nacional

Ocurrió en Florianópolis, en Brasil. Un caso de racismo contra un empleado de una tienda tomó gran repercusión nacional después de salir a la luz a través de imágenes de cámaras de seguridad. Una clienta, molesta durante la atención, se dirigió al trabajador — un joven de 18 años en su primer empleo— con ofensas explícitas y de carácter racial. “Un negro cuando no xxxx en la entrada, lo hace en la salida” (me reservo el derecho de omitir la palabra insultante) y concluyó su ataque con la frase: “por eso no me gustan los negros”.

Pensé que es casi seguro que esta mujer no esperaba ver su ofensa transmitida a nivel nacional por la televisión. Las imágenes circularon ampliamente en las redes sociales y pronto fueron difundidas por diversos medios de comunicación, alcanzando una enorme visibilidad, incluso destacándose en la portada del sitio de noticias de la Red Globo, el portal periodístico más grande e influyente del país.

Al llevar esta reflexión a mi propia realidad, comencé a preguntarme cómo sería si un día de mi vida fuera transmitido a nivel nacional sin que yo lo supiera. ¿Qué pensarían de mis actitudes? ¿Cómo serían percibidas las cosas que hago o digo?

Esta reflexión me confronta con una verdad bíblica sencilla y profunda: Dios no hace distinción entre lo público y lo privado. Lo que soy cuando estoy a solas, en familia o con pocas personas presentes revela quién soy realmente. No existe una “vida fuera de cámaras” delante de Dios. Todo está expuesto ante Sus ojos.

Jesús fue extremadamente firme al hablar de la hipocresía, porque crea una distancia peligrosa entre la apariencia y la verdad. Él advirtió: “Todo lo que está encubierto será revelado, y todo lo secreto se dará a conocer a todos.” (Lucas 12:2, NTV). La hipocresía intenta sostener una imagen externa que no refleja el corazón.

Por otro lado, la Biblia nos llama a vivir con integridad. La integridad implica ser una persona completa, sin divisiones. Alguien íntegro es el mismo en cualquier ambiente, porque no vive detrás de máscaras. “El justo camina con integridad; ¡benditos son sus hijos después de él!” (Proverbios 20:7, NTV).

Cuando vivimos con integridad, no necesitamos temer la exposición, porque nuestras palabras y actitudes no cambian según el público. Somos los mismos en lo secreto y en lo público, delante de las personas y delante de Dios. “La gente íntegra anda segura.” (Proverbios 10:9, NTV).

Que el Espíritu Santo nos ayude a alinear lo que decimos, hacemos y pensamos, para que nuestra fe no sea solo un discurso, sino una vida coherente delante de Dios y de los hombres.

Oración: Señor, examina mi corazón y revela todo aquello que no refleja tu carácter. Enséñame a vivir con integridad, sin máscaras, siendo el mismo en lo secreto y en lo público. Que mis palabras y mis actitudes glorifiquen tu nombre en todo momento. Amén.

Versículo del día: “Así que nuestro objetivo es agradarlo a él, ya sea que estemos aquí en este cuerpo terrenal o ausentes de él.” (2 Corintios 5:9, NTV)

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