Seguimos viviendo un día a la vez

Hoy se cumple un año desde que mi cuñado, Oscar Mauricio, descansó en el Señor. Después de luchar durante más de seis años una dura batalla contra la ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica), el 10 de enero de 2025 él “completó la carrera y guardó la fe”. Pero mientras luchó, nos enseñó mucho sobre el verdadero valor de la vida, sobre la importancia de los pequeños detalles, de los encuentros breves, de las sonrisas y también de las alegrías que siempre pueden encontrarse, aun en medio de la tristeza. Oscar Mauricio nos enseñó a vivir un día a la vez. Él partió, pero nosotros seguimos en esta jornada.

Al mirar la historia de vida de Mauro, percibo que la vida no se mide solo por el tiempo que tenemos, sino por la manera en que vivimos cada día. La enfermedad fue dura, limitante e injusta a nuestros ojos, pero no logró robar aquello que más caracterizaba a Oscar Mauricio: su sonrisa. Una sonrisa que comunicaba fe, esperanza y una confianza silenciosa en Dios, aun cuando el cuerpo ya no respondía como antes.

La Palabra de Dios nos recuerda: «Este es el día que hizo el Señor; regocijémonos y alegrémonos en él» (Salmos 118:24, NVI). No dice “este es el año” o “esta es la etapa”, sino este es el día. Mauro vivió esta verdad. Nos mostró que, cuando el mañana es incierto, el hoy se convierte en un regalo precioso. Un café compartido, una conversación breve, una mirada atenta, una sonrisa sincera —todo adquiere un valor eterno.

También aprendí que la alegría no depende de la ausencia del dolor. Pablo escribe: «tristes, pero siempre alegres» (2 Corintios 6:10, NVI). Es una alegría que nace de la esperanza, de la certeza de que Dios sigue siendo soberano aun cuando la vida es dura. Oscar Mauricio no negaba la realidad de la lucha, pero elegía, cada día, responder a ella con fe.

Seguimos viviendo un día a la vez porque así es como Dios nos guía. Jesús nos enseñó: «Por lo tanto, no se preocupen por el mañana, porque el mañana traerá sus propias preocupaciones. A cada día le basta su propio mal» (Mateo 6:34, NVI). No necesitamos cargar el peso de todos los mañanas. Solo necesitamos ser fieles hoy. Amar hoy. Sonreír hoy. Agradecer hoy.

Que la memoria de Oscar Mauricio nos enseñe a valorar la vida mientras late, a no postergar los gestos sencillos y a comprender que, aun en medio de las pérdidas, la alegría puede encontrarse en los detalles. La vida es frágil, pero profundamente preciosa.

Oración: Señor, gracias por la vida de Oscar Mauricio y por todo lo que aprendimos a través de ella. Enséñanos a vivir un día a la vez, a valorar los pequeños momentos, las sonrisas y las oportunidades de amar. Aun cuando la vida es dura, ayúdanos a encontrar en Ti la verdadera alegría y la esperanza que no se pierde. Amén.

Versículo del día: «Enséñanos a contar bien nuestros días, para que nuestro corazón adquiera sabiduría» (Salmos 90:12, NVI)

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