El encuentro entre Pablo y Pedro

En Gálatas, capítulo 1, versículo 18, encontramos una revelación muy interesante, aunque con pocos detalles. Tres años después de su conversión, Pablo subió a Jerusalén y pasó quince días con Pedro. ¿Cómo fue ese encuentro? ¿De qué hablaron? ¿Predicaron juntos? Lamentablemente, no tenemos muchos detalles. Pero podemos imaginar, sin caer en especulaciones indebidas, cómo pudo haber sido ese encuentro entre dos de los apóstoles más importantes de la fe cristiana.
Pedro era un pescador de Galilea. Un hombre sin formación académica, pero que había caminado con Jesús, escuchado sus enseñanzas a la orilla del mar, fallado de manera dolorosa y sido restaurado con amor. Pedro conocía a Jesús no solo por revelación, sino por convivencia. Había aprendido del Maestro en el camino, en los errores, en las lágrimas y en el perdón.
Pablo, por su parte, era un hombre altamente instruido. Profundo conocedor de la Ley, celoso, inteligente, llamado por Dios de manera sobrenatural. Aun así, era nuevo en su caminar con la iglesia. Conocía a Cristo por revelación, pero ahora estaba aprendiendo a vivir la fe en comunión, con humildad, como parte del cuerpo.
Es posible imaginar a Pedro compartiendo cosas que no se aprenden en los libros: la mirada de Jesús, su paciencia, su misericordia con los débiles. Y es posible imaginar a Pablo escuchando con atención, comprendiendo que el evangelio no es solo algo para ser explicado, sino vivido.
Este encuentro también nos enseña que el evangelio no elimina nuestras diferencias; las redime. En Cristo, el sencillo y el erudito se sientan a la misma mesa. Todos aprenden, todos crecen, todos son moldeados por la misma gracia.
Dios sigue haciendo esto hoy: uniendo personas diferentes para formar un solo cuerpo, donde nadie lo sabe todo, pero todos nos necesitamos unos a otros.
Oración: Señor, enséñanos a caminar juntos con humildad y gracia. Ayúdanos a aprender unos de otros, reconociendo que tú hablas tanto por medio de la experiencia como del conocimiento. Únenos en Cristo, a pesar de nuestras diferencias. Amén.
Versículo del día: “Después de tres años, subí a Jerusalén para visitar a Pedro y permanecí con él quince días” (Gálatas 1:18 – NVI)
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