El Señor da la vida y la quita

¿Cuál es la probabilidad de que alguien sobreviva a una caída desde el décimo piso?
Ocurrió en Ribeirão Preto, en el interior del estado de São Paulo, Brasil, el día 27 de diciembre. El pequeño Brenno Fernandes Girdziauckas, de apenas cuatro años, cayó desde el décimo piso del edificio donde vivía después de tener acceso a la ventana del baño, que no contaba con rejas de protección. La caída fue considerada accidental. Gravemente herido, con politraumatismos y fracturas en las piernas, Brenno fue auxiliado consciente y trasladado de urgencia al Hospital de Clínicas, donde permaneció internado en la UCI durante varios días. Contra todo pronóstico, el niño presentó una evolución sorprendente: fue sometido a cirugías, fue desintubado, volvió a respirar por sí mismo y, a comienzos de enero, recibió el alta de la UCI y fue trasladado a una habitación. La familia atribuye su recuperación a las oraciones y a la gracia de Dios, transformando el dolor en un testimonio de esperanza.
Esta historia me confronta con una verdad que muchas veces intento ignorar: no tengo ningún control sobre la vida. Ella depende únicamente de Dios. La Palabra de Dios declara con claridad: «El Señor da la vida y la quita; hace bajar al sepulcro y también hace subir» (1 Samuel 2:6 – NVI). No es el azar, no es la suerte, no son las estadísticas. Es el Señor.
Vivimos como si estuviéramos al mando, como si la vida estuviera segura en nuestras manos. Pero basta un descuido, una noticia inesperada o un acontecimiento fuera del guion para darnos cuenta de cuán frágiles somos. La Biblia refuerza esto al decir: «¿Qué es su vida? Ustedes son como la neblina que aparece por un momento y luego se disipa» (Santiago 4:14 – NVI). La ilusión de control se desvanece cuando enfrentamos nuestra propia limitación.
Al mismo tiempo, esta soberanía no produce miedo, sino esperanza. Saber que la vida no está a merced del caos, sino en las manos de un Dios bueno, justo y misericordioso, trae descanso al corazón. «Todos mis días se escribieron en tu libro; cada uno de ellos fue registrado antes de que yo naciera» (Salmos 139:16 – NVI). Nada escapa a su mirada, nada queda fuera de su gobierno.
Ante esto, somos invitados a vivir con humildad, gratitud y dependencia. No controlamos el mañana, pero conocemos a Aquel que lo sostiene. Que historias como esta nos lleven no solo a la conmoción, sino a la rendición. Que aprendamos a confiar menos en nuestras garantías humanas y más en el Dios que da, preserva y llama la vida en el tiempo correcto.
Oración: Señor, reconozco que muchas veces vivo como si tuviera el control de mi propia vida. Enséñame a confiar plenamente en tu soberanía, a descansar en tu voluntad y a valorar cada día como un regalo tuyo. Que mi corazón esté siempre rendido en tus manos. Amén.
Versículo del día: «El Señor da la vida y la quita; hace bajar al sepulcro y también hace subir» (1 Samuel 2:6 – NVI)
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