¡Gracias, Dios!

Hoy es un día especial en mi vida. Cumplo exactamente 50 años, y confieso que me tomó varios días escribir esta reflexión. Me faltaban palabras para expresar mi gratitud al Señor por todo lo que Él me ha concedido a lo largo de este medio siglo. Hasta que, el domingo pasado, escuché a mi pastor predicar sobre la historia de los diez leprosos, registrada en Lucas 17:11–19.
Jesús iba camino a Jerusalén cuando pasó entre Samaria y Galilea. A la distancia, diez hombres leprosos clamaron por misericordia. La lepra los hacía impuros, excluidos de la sociedad y de la vida religiosa. Jesús no los tocó en ese momento, sino que les dio una instrucción sencilla: «Vayan y preséntense a los sacerdotes». Mientras obedecían, fueron sanados en el camino.
Al darse cuenta de que estaba completamente sano, solo uno regresó, glorificando a Dios en voz alta y postrándose a los pies de Jesús en agradecimiento. Ese hombre era samaritano, un extranjero a los ojos de los judíos. Entonces Jesús preguntó: «¿No quedaron limpios los diez? ¿Dónde están los otros nueve?»
Y concluyó: «Levántate y sigue tu camino; tu fe te ha sanado» (Lucas 17:17,19, NTV).
Al escuchar esta palabra, lo comprendí de inmediato: yo soy ese leproso que regresó para agradecer. No, nunca tuve lepra. Pero durante muchos años viví contaminado por el pecado: “leproso” en el orgullo, en los vicios y en el egoísmo. Aun así, Cristo tuvo misericordia de mí. Me rescató del lodo en el que estaba, purificó mi vida y me hizo limpio delante de Él.
Hoy, en una fecha tan significativa, vuelvo a los pies de Jesús para hacer lo mismo que aquel samaritano: agradecer. Hoy entiendo que no basta con ser alcanzado por la gracia; también es necesario volver con un corazón agradecido.
Estoy agradecido por el perdón, por la gracia y por la misericordia que recibí. Agradecido por la restauración de mi matrimonio, por ser usado para establecer el Reino de Dios aquí en la tierra, por el sustento que nunca faltó y por la protección en momentos en los que la muerte pasó cerca. Agradecido por la familia unida, por los proyectos futuros y por cada día vivido hasta aquí.
Cada año, cada día vivido y cada aliento son dádivas tuyas, mi Señor. Y mientras haya vida, que nunca falte en nosotros un corazón quebrantado y agradecido delante de Ti.
Oración: Señor, hoy me postro delante de Ti con un corazón agradecido. Reconozco que todo lo que soy y todo lo que tengo viene de tus manos. Gracias por la vida, por el perdón, por los rescates y por caminar conmigo hasta aquí. Que nunca sea contado entre los que reciben la bendición y siguen adelante sin volver para agradecer. Enséñame a vivir cada día consciente de tu gracia. Amén.
Versículo del día: «Sean agradecidos en toda circunstancia, pues esta es la voluntad de Dios para ustedes, los que pertenecen a Cristo Jesús» (1 Tesalonicenses 5:18, NTV)
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