Solo empuja la roca

Cierta vez, un hombre oyó a Dios decirle algo extraño:
— «Empuja aquella gran roca».
La roca era enorme. Inmóvil. Desafiante. Aun así, todos los días el hombre obedecía. Empujaba con todas sus fuerzas. Sudaba. Se cansaba. Se frustraba. Y… nada sucedía. La roca permanecía exactamente en el mismo lugar.
Con el paso del tiempo, llegó el desánimo. Él oraba y decía:
«Señor, he fallado. La roca nunca se movió. No logré cumplir lo que me pediste».
Hasta que Dios finalmente le respondió:
— «Yo nunca te pedí que movieras la roca. Solo te pedí que la empujaras. Mírate ahora: eres más fuerte, más perseverante, más preparado».

Aquel hombre empujaba la roca pensando que la transformación se vería en la roca. Sin embargo, la verdadera transformación estaba ocurriendo en él mismo.

¿Cuántas veces cometemos la misma confusión? Pensamos que la fidelidad es sinónimo de resultados visibles. Medimos nuestra obediencia por lo que cambia afuera, cuando Dios está obrando por dentro. Oramos esperando que la roca desaparezca del camino, pero Dios está formando músculos espirituales que solo nacen en la resistencia.

Hay procesos en los que la respuesta de Dios no es quitar el obstáculo, sino madurarnos para atravesarlo. Hay oraciones que no cambian las circunstancias de inmediato, pero transforman profundamente a quien ora.

Si hoy sientes que estás empujando una roca que no se mueve —en el matrimonio, en el ministerio, en la vida financiera, en la salud o en decisiones difíciles— no concluyas demasiado rápido. Dios no desperdicia la obediencia. Ningún esfuerzo hecho con fe es en vano.

Tal vez la pregunta no sea: «¿Por qué la roca no se mueve?» Sino: «¿En quién me estoy convirtiendo mientras la empujo?»

Continúa. Persevera. Dios está más interesado en quién te estás convirtiendo que en la velocidad con la que la roca se mueve.

Oración: Señor, ayúdame a confiar en Tu proceso. Aun cuando no veo resultados, enséñame a permanecer obediente. Fortalece mi fe, moldea mi carácter y dame perseverancia para seguir empujando la roca, sabiendo que Tú estás obrando en mí. Amén.

Versículo del día: «Así que no nos cansemos de hacer el bien. A su debido tiempo cosecharemos numerosas bendiciones si no nos damos por vencidos.» (Gálatas 6:9, NTV)

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