Procesos que preservan la vida

Ocurrió en la costa de Nigeria, en el año 2013. El barco Jascon-4 naufragó repentinamente y se hundió a unos 30 metros de profundidad, llevando a que toda la tripulación fuera dada por muerta. Sin embargo, Harrison Okene, el cocinero de la embarcación, logró sobrevivir atrapado en una pequeña bolsa de aire dentro del casco volcado. Permaneció aproximadamente 60 horas bajo el agua, en la oscuridad, con el agua hasta el pecho y con oxígeno limitado. Tres días después, buzos que inspeccionaban los restos del naufragio lo encontraron con vida, en un rescate que sorprendió al mundo.

Harrison Okene
Harrison Okene, el superviviente.

Después de ser rescatado, Harrison tuvo que pasar entre dos y tres días en una cámara de descompresión, para que su cuerpo se adaptara lentamente a la presión y así se preservara su vida.

Este extraordinario milagro de la vida real nos deja muchas lecciones. Pero lo que más llamó mi atención no fue solo el rescate, sino el proceso posterior. Aunque ya estaba a salvo, Harrison no podía salir de inmediato de la presión extrema hacia la superficie. Si lo hubiera hecho, su cuerpo no lo habría soportado. El cuidado que lo salvó no fue solo sacarlo del fondo del mar, sino conducirlo, con tiempo y proceso, hasta la condición ideal para vivir.

Con Dios, muchas veces ocurre lo mismo con nosotros. Queremos salir inmediatamente de la presión, del dolor, de la espera y del malestar. Oramos para que todo cambie de una vez. Sin embargo, el Señor, que nos creó, sabe exactamente cuánto podemos soportar y cómo guiarnos sin destruirnos. La Palabra afirma: “Dios es fiel y no permitirá que la tentación sea mayor de lo que puedan soportar. Cuando sean tentados, él les mostrará una salida, para que puedan resistir.” (1 Corintios 10:13, NTV).

Los procesos de Dios no son castigo; son preservación. Aun cuando no entendemos, Él está obrando. “Mis pensamientos no se parecen en nada a sus pensamientos —dice el Señor— y mis caminos están muy por encima de lo que puedan imaginarse.” (Isaías 55:8, NTV). El Señor no tiene prisa, porque la vida que Él quiere entregarnos es duradera. “El Señor hará justicia a mi favor, porque tu fiel amor, oh Señor, perdura para siempre.” (Salmos 138:8, NTV).

Si hoy estoy viviendo un tiempo de espera, presión o adaptación, necesito confiar: Dios sabe exactamente cuándo y cómo llevarme a la superficie.

Oración: Señor, ayúdame a confiar en Tus procesos. Aun cuando deseo salir rápidamente de la presión, enséñame a descansar en Tu cuidado, sabiendo que todo lo que haces es para preservar mi vida. Amén.

Versículo del día: “Entrega al Señor todo lo que haces; confía en él, y él te ayudará.” (Salmos 37:5, NTV).

Loading

Compartilhe:

Adicionar um Comentário

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *