¿Quién se lanzaría al agua por ti?

Ocurrió el 22 de junio de 2022, durante el Campeonato Mundial de Deportes Acuáticos en Budapest. La nadadora artística estadounidense Anita Álvarez perdió la conciencia al final de su rutina individual y se hundió por completo. Su entrenadora, Andrea Fuentes, se dio cuenta de inmediato de que algo estaba mal y se lanzó a la piscina —aún vestida, sin pensarlo dos veces— para rescatarla, incluso antes de que los salvavidas reaccionaran. Así, salvó la vida de su atleta.
Es interesante notar que la entrenadora percibió el problema antes que todos, incluso antes que los profesionales responsables de la seguridad. Eso solo fue posible porque conocía profundamente a su atleta: su respiración, sus movimientos, los detalles de la presentación que habían ensayado. Mientras muchos aplaudían creyendo que todo estaba perfecto, la entrenadora sabía que algo no estaba bien.
Y entonces surge una pregunta inevitable: ¿Quién te conoce lo suficiente como para percibir cuando algo no anda bien? ¿Con quién compartes tus luchas, tus planes, tus proyectos? ¿Quién se lanzaría al agua por ti?
La Palabra de Dios nos recuerda que no fuimos creados para caminar solos. La vida cristiana es una jornada de comunión, apoyo mutuo y vigilancia amorosa. El sabio escribió: “Es mejor ser dos que uno… Si uno cae, el otro puede darle la mano y ayudarlo” (Eclesiastés 4:9-10 – NTV).
Cuando compartimos el corazón con hermanos de confianza, experimentamos lo que Dios planeó para Su pueblo: cuidado mutuo, corrección, ánimo y protección. La Biblia declara: “Ayúdense a llevar los unos las cargas de los otros, y obedezcan de esta manera la ley de Cristo” (Gálatas 6:2 – NTV). También nos recuerda: “La victoria depende de tener muchos consejeros” (Proverbios 11:14 – NTV).
Hay momentos en que nuestra alma se hunde en silencio. Por fuera seguimos “rindiendo”, pero por dentro estamos sin aire. En esos momentos, Dios usa personas —hermanos, amigos espirituales, consejeros piadosos— para lanzarse por nosotros, rescatarnos en amor y recordarnos el camino.
Por eso, no vivas aislado. Busca comunión, confesión, conversación y consejo. La seguridad espiritual no está en vivir independiente, sino en vivir acompañado. Y se necesita intencionalidad para desarrollar una verdadera comunión.
Oración: Señor, ayúdanos a valorar la comunión que nos has dado. Líbranos del aislamiento, danos humildad para buscar ayuda y sensibilidad para cuidar a nuestros hermanos. Que podamos ser instrumentos de rescate en la vida de los otros y encontrar seguridad en Tu familia espiritual. Amén.
Versículo del día: “Como el hierro se afila con el hierro, así un amigo se afila con su amigo.” (Proverbios 27:17 – NTV)
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