Lo mejor de Dios no está por venir

Existen frases que suenan espirituales, inspiradoras y hasta llenas de fe —pero que no reflejan la verdad de la Palabra. Una de ellas es esta: “Lo mejor de Dios está por venir.”
¿Bonita? Sí. ¿Popular? Mucho. ¿Bíblica? No.

La verdad es que lo mejor de Dios ya vino, y su nombre es Jesús. El Padre entregó lo más precioso, perfecto y glorioso que tenía: su propio Hijo. En la cruz nos dio todo: redención, perdón, reconciliación y vida eterna. ¿Qué podría ser mejor que eso? La respuesta es simple: ¡nada!

Una casa mejor, un nuevo trabajo, una sanidad, un sueño realizado —todas estas cosas son bendiciones, pero ninguna supera lo que ya nos fue dado en Cristo. Cuando afirmamos que “lo mejor está por venir”, corremos el riesgo de subestimar lo que se nos entregó en el Calvario, como si existiera alguna bendición mayor que la salvación.

La Biblia declara: “Ya que Dios no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿no nos dará también todo lo demás?” (Romanos 8:32 — NTV) Y también: “¡Todo ha terminado!” (Juan 19:30 — NTV)

La obra mayor ya fue hecha. El regalo supremo ya fue dado. La mejor dádiva ya llegó. El cristiano no vive esperando lo mejor; vive celebrando Aquel que es lo mejor.

Oración: Señor, gracias porque lo mejor de tu corazón ya fue revelado en Jesús. Que nunca disminuya la grandeza de la salvación ni espere algo mayor que lo que ya recibí en la cruz. Enséñame a vivir con gratitud, firme en la verdad y con los ojos puestos en Cristo, el mayor de todos los regalos. En el nombre de Jesús, amén.

Versículo del día: “Pues Dios amó tanto al mundo que dio a su único Hijo…” — Juan 3:16 (NTV)

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