Cuando yo tenía prosperidad, decía: “¡Ahora nada puede detenerme!”

A finales de 2024, Antônio Lopes de Siqueira, de 73 años, fue a una lotería y, con apenas $ 1 dólar, compró un boleto de la Mega-Sena. Días después, descubrió que había ganado él solo $ 40 millones de dólares. Un giro de vida que muchos sueñan con experimentar. Pero apenas 24 días después, durante una consulta dental, el Sr. Antônio sufrió un paro cardiorrespiratorio y falleció.

Al leer esta noticia, mi corazón fue inmediatamente al Salmo 30, verso 6, donde el salmista confiesa: Cuando yo tenía prosperidad, decía: ‘¡Ahora nada puede detenerme!’” (Salmos 30:6 – NTV)

Qué fácil es, cuando llega la prosperidad, permitir que brote en nuestro corazón la ilusión de la autosuficiencia. Pensamos, aunque sea en secreto: “Ahora sí, todo está garantizado. Nada puede salir mal”. No sé qué pasó en el corazón del Sr. Antônio —solo Dios lo sabe—, pero su historia nos recuerda una verdad innegociable: la vida es extremadamente frágil, y ningún dinero, éxito o seguridad humana puede garantizarnos el mañana.

Santiago confronta este autoengaño con palabras poderosas: “¡Miren aquí, ustedes que dicen: ‘Hoy o mañana iremos a tal o cual ciudad y nos quedaremos un año. Haremos negocios allí y ganaremos dinero’! ¿Cómo saben qué será de su vida el día de mañana? La vida de ustedes es como la neblina: aparece un rato y luego se esfuma.” (Santiago 4:13-14 – NTV)

La neblina no pide permiso para desaparecer —simplemente se desvanece. Así es la existencia humana. Y justamente esa fragilidad nos invita a vivir no en soberbia, sino en dependencia de Dios; no en autoconfianza, sino en humildad; no con un “jamás seré sacudido”, sino con un “si el Señor quiere…”.

La verdadera seguridad no está en la prosperidad, ni en las conquistas, ni en la fuerza de nuestras manos.
La verdadera seguridad está en Cristo —solamente en Él.

Oración: Señor, ayúdame a recordar cada día que mi vida está en tus manos. Líbrame de la ilusión de autosuficiencia y enséñame a vivir con humildad y gratitud. Que dependa de ti en cada paso y que encuentre en ti mi única seguridad. Amén.

Versículo del día: “Enséñanos a comprender la brevedad de la vida, para que crezcamos en sabiduría.” — Salmos 90:12 (NTV)

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