Para que tu fe no falle

En Lucas 22 encontramos a Jesús haciendo una revelación profunda a Simón Pedro: “Simón, Simón, ¡Satanás ha pedido zarandear a cada uno de ustedes como si fueran trigo!” (Lucas 22:31)

Ser “zarandeado como trigo” significaba ser probado intensamente. Satanás pidió permiso para poner a prueba a los discípulos, colocándolos en situaciones que revelarían el carácter de cada uno: la cizaña quedaría expuesta y el trigo sería aprobado.

Es posible imaginar que Pedro esperaba escuchar algo diferente de Jesús —quizás: “Pero no lo permití” o “¡Apártate, Satanás, no tocarás a mis discípulos!”. Pero Jesús no dijo eso. En cambio, respondió: “Pero yo he rogado en oración por ti, Simón, para que tu fe no falle.” (Lucas 22:32a)

Jesús no prometió librar a Pedro de la zaranda, sino sostenerlo en medio de ella. Esa es una verdad preciosa: hay momentos en que Dios no quita la prueba, pero nos fortalece para atravesarla.

Hermano y hermana, una verdad innegable de la vida es esta: las aflicciones vendrán. Jesús ya nos había advertido: “Aquí en el mundo tendrán muchas pruebas y tristezas; pero anímense, porque yo he vencido al mundo.” (Juan 16:33)

La zaranda de Dios nunca es para destruir, sino para purificar. El fuego de la prueba no viene para consumir, sino para refinar. Y cuando todo parezca difícil, recuerda: Jesús sigue intercediendo por ti, como intercedió por Pedro, para que tu fe no desfallezca. “Cristo Jesús murió por nosotros y resucitó, y está sentado en el lugar de honor, a la derecha de Dios, e intercede por nosotros.” (Romanos 8:34 – NTV)

Finalmente, aún en las palabras de Jesús a Simón Pedro, el Señor revela el propósito de las pruebas: “Y tú, cuando te hayas arrepentido y vuelvas a mí, fortalece a tus hermanos.” (Lucas 22:32b) Es decir, lo que tú vences, Dios lo usa para bendecir a otros. Las lágrimas de hoy pueden transformarse en el consuelo de mañana para alguien que atraviesa el mismo dolor.

Oración: Señor Jesús, gracias porque Tú intercedes por mí. Aun cuando vacilo, Tú no te rindes conmigo. Fortalece mi fe en los momentos difíciles y haz de mí un instrumento para fortalecer a otros. Que mi vida sea prueba viva de Tu gracia. Amén.

Versículo final: “Dios bendice a los que soportan con paciencia las pruebas y las tentaciones, porque después de superarlas recibirán la corona de vida que Dios ha prometido a quienes lo aman.” — Santiago 1:12 (NTV)

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