La verdad que libera

El 31 de octubre de 1517, un joven monje llamado Martín Lutero caminó hasta la puerta de la Iglesia del Castillo de Wittenberg, en Alemania, y clavó allí un documento que cambiaría la historia: las 95 tesis.
Él no imaginaba que estaba comenzando una revolución espiritual. Su deseo era sencillo: volver a la verdad de las Escrituras. En aquel tiempo, la Iglesia se había alejado de la Palabra, enseñando que las personas podían comprar el perdón de sus pecados —lo que se conocía como “indulgencias”. Pero al leer la Biblia, Lutero descubrió que la salvación no se compra: es un regalo gratuito de Dios por medio de la fe en Jesucristo. “Dios los salvó por su gracia cuando creyeron. Ustedes no tienen ningún mérito en eso; es un regalo de Dios. La salvación no es un premio por las cosas buenas que hayamos hecho, así que ninguno de nosotros puede jactarse de ser salvo.” — Efesios 2:8-9 (NTV)
Movido por esta revelación, Lutero levantó su voz y sus tesis, enfrentando siglos de tradición humana y corrupción espiritual. El resultado fue el nacimiento de la Reforma Protestante, que reavivó el amor por las Escrituras y el principio de que solo la Palabra de Dios es la autoridad final sobre la fe y la vida — Sola Scriptura.
Pero esta no es solo una historia del pasado. Aún hoy, muchas “verdades” se predican que no vienen de la Biblia. Por eso, necesitamos volver a la Palabra, meditar en ella y pedir al Espíritu Santo discernimiento para reconocer el error y mantenernos firmes en la verdad: “Ustedes estudian las Escrituras a fondo porque piensan que ellas les dan vida eterna. Pero las Escrituras me señalan a mí.” — Juan 5:39 (NTV) y “Toda la Escritura es inspirada por Dios y es útil para enseñarnos lo que es verdad y para hacernos ver lo que está mal en nuestra vida. Nos corrige cuando estamos equivocados y nos enseña a hacer lo correcto.” — 2 Timoteo 3:16 (NTV)
La Reforma comenzó cuando un hombre decidió abrir la Biblia y creer lo que realmente decía. Y continúa cada vez que alguien elige la verdad en lugar de la tradición, la Palabra en lugar de la opinión, la voz del Espíritu en lugar de las voces del mundo.
Oración: Señor, dame amor por tu Palabra. Que tenga hambre y sed de la verdad, y que tu Espíritu Santo me guíe a todo entendimiento. Líbrame de aceptar como verdad lo que no proviene de ti. En el nombre de Jesús, amén.
Versículo base: “Y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.” — Juan 8:32 (NVI)
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