La fe de un niño

“Les digo la verdad: a menos que se aparten de sus pecados y se vuelvan como niños, nunca entrarán en el reino del cielo.”Mateo 18:3 (NTV)

Cuando Jesús dijo que para entrar en el Reino de los cielos es necesario ser como un niño, no hablaba de ingenuidad, sino de confianza y pureza de corazón.

Los niños creen. No necesitan pruebas científicas, argumentos teológicos ni garantías por escrito. Si el papá dice que irá a recogerlos a la escuela, esperan. Si la mamá promete que curará la herida, confían. Si el abuelo dice que el fin de semana los llevará a pasear, ¡ya preparan la mochila!

Así es la fe que agrada a Dios: sencilla, confiada y sin reservas.

Mientras el adulto duda, cuestiona y quiere entender todos los porqués, el niño simplemente cree.
No intenta ser independiente; sabe que necesita del otro. Por eso Jesús nos llama a ser como ellos: dependientes del Padre, sensibles a su voz y confiados en su cuidado.

Ser como un niño es creer que Dios está en control, aunque no entendamos lo que Él hace. Es descansar, porque sabemos que el Padre no falla. Es volver a sonreír después de llorar, porque el corazón puro no se queda mucho tiempo en el dolor.

Oración: Señor, enséñame a tener un corazón de niño. A confiar en tu palabra como un niño confía en su padre. A descansar en tus promesas sin dudar. A vivir con alegría, sencillez y fe. Amén.

Versículo clave: “Dejen que los niños vengan a mí. ¡No los detengan! Pues el reino de Dios pertenece a los que son como estos niños.” Marcos 10:14 (NTV)

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