El alto valor de una vida

El Salmo 116:15 declara: “Estimada es a los ojos de Jehová la muerte de sus santos.” (RVR1960). La primera impresión puede ser la de que Dios se agrada de la muerte de Sus hijos. No obstante, el término hebreo usado aquí es Yacar, que significa “costoso”, “de alto precio”. En otras palabras, el texto no dice que Dios se alegra con la muerte de sus siervos, sino que la muerte de cada uno de ellos tiene un peso inmensurable delante de Él.
La misma Palabra confirma este entendimiento. En Ezequiel 18:32 leemos: “Pues no me complace la muerte de nadie. Conviértanse y vivan, dice el Señor Soberano.” (NTV). Dios no tiene placer en la muerte, porque Él es el Dios de la vida. Nos creó a Su imagen y semejanza, y cada vida es infinitamente valiosa para Él.
Si pensamos en el precio que fue pagado por nosotros, entendemos ese valor. Pedro nos recuerda: “Pues ustedes saben que Dios pagó un rescate para salvarlos de la vida vacía que heredaron de sus antepasados. Y el rescate que pagó no consistió en simples oro o plata, que pierden su valor. Sino que fue la preciosa sangre de Cristo, el Cordero de Dios, que no tiene pecado ni mancha.” (1 Pedro 1:18-19, NTV). El precio que Dios pagó por nuestra vida fue la sangre de Su propio Hijo.
Por eso, cada lágrima, cada dolor, cada pérdida tiene importancia delante del Señor. Nada pasa desapercibido a Sus ojos. Cuando un justo parte de esta vida, eso tiene un costo delante del corazón de Dios. Él no se alegra con la muerte, pero transforma incluso ese momento en victoria, pues para los que creen, la muerte no es el fin, sino la entrada a la eternidad junto a Él.
Oración: Señor, gracias porque mi vida tiene valor delante de ti. Gracias porque cada detalle de mi existencia es precioso a tus ojos y porque el precio que pagaste por mí fue la sangre de tu Hijo. Ayúdame a vivir cada uno de mis días con gratitud, santidad y esperanza en la eternidad. Amén.
Versículo clave: “Pues ustedes saben que Dios pagó un rescate para salvarlos de la vida vacía que heredaron de sus antepasados. Y el rescate que pagó no consistió en simples oro o plata, que pierden su valor. Sino que fue la preciosa sangre de Cristo, el Cordero de Dios, que no tiene pecado ni mancha.” (1 Pedro 1:18-19, NTV)
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