El Dios de los reencuentros

Recientemente, el mundo conoció la emocionante historia de dos hermanos que se reencontraron después de 50 años separados. Cuando aún eran niños, la madre intentaba huir a Londres con los hijos, pero en plena estación de tren, el padre arrancó al menor de sus brazos por la ventana de un vagón. Esa fue la última mirada que intercambiaron, hasta que, medio siglo después, finalmente se abrazaron otra vez.
Historias así conmueven el corazón, porque nos recuerdan el dolor de la separación y la belleza del reencuentro. Y espiritualmente, esa también es nuestra historia con Dios. El pecado nos alejó de Él, pero el Padre celestial nunca desistió de buscar a sus hijos perdidos en el mundo. Él es el Dios de los reencuentros, que abre caminos improbables para restaurar la comunión.
La Biblia nos lo muestra con claridad: “Pues el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar a los que están perdidos” (Lucas 19:10, NTV). Jesús es el mayor reencuentro de la historia, uniendo nuevamente al ser humano con el Padre. Y cada vez que una persona regresa a los brazos de Dios, todo el cielo se alegra, como Jesús afirmó en la parábola de la oveja perdida.
Así como estos hermanos vivieron un abrazo soñado por décadas, también nosotros tenemos por delante un reencuentro aún mayor: el día en que veremos a nuestro Salvador cara a cara y nunca más habrá separación.
Nuestro Dios es especialista en restaurar historias y en promover reencuentros: con Él, con nuestra fe, con nuestra familia, con la vida que realmente importa.
Oración: Señor, gracias porque tú eres el Dios de los reencuentros. Gracias porque, aun cuando me alejo, tu amor me busca. Que nunca pierda de vista la esperanza de volver a tus brazos y vivir la plenitud de la vida eterna en Cristo Jesús. Amén.
Versículo clave: “Pues el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar a los que están perdidos.” (Lucas 19:10, NTV).
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