Más que palabras, votos cumplidos

Después de completar veinte años de matrimonio, mi esposa y yo decidimos hacer una pequeña ceremonia de renovación de votos. Al escribir mis votos, me puse a pensar que, más importante que el romanticismo del mensaje o la elocuencia de las palabras, es el compromiso para cumplirlos. Las palabras bonitas tienen valor solo cuando se transforman en práctica. El peso real de los votos no está en lo que decimos delante de las personas, sino en lo que vivimos delante de Dios.

La Biblia es clara respecto a esto: “Cuando le hagas una promesa a Dios, no tardes en cumplirla, porque a Dios no le agradan los necios. Cumple todas las promesas que le hagas.” (Eclesiastés 5:4, NTV). El Señor toma en serio lo que prometemos y espera de nosotros fidelidad. No es diferente en el matrimonio, cuando prometemos amar, respetar y cuidar el uno del otro en todas las circunstancias.

Lamentablemente, vivimos en un tiempo en que los votos se hacen con facilidad, pero se rompen con la misma rapidez. Sin embargo, la fidelidad de Dios debe ser nuestro modelo: “Si somos infieles, él permanece fiel, pues él no puede negar quién es” (2 Timoteo 2:13, NTV). Así como Dios es fiel a su palabra, nosotros también debemos ser fieles a nuestros votos.

Más que frases bonitas, los votos matrimoniales son una alianza de vida. Y cada día es una oportunidad para reafirmar ese compromiso —no con discursos, sino con gestos concretos de amor, paciencia y cuidado.

Finalmente, los votos matrimoniales también nos recuerdan nuestra alianza con el mismo Dios. Él nos llama a vivir en integridad, de modo que nuestras palabras y actitudes caminen juntas.

El verdadero valor de un voto está en su cumplimiento.

Oración: Señor, ayúdame a honrar cada voto que hice delante de ti y delante de las personas. Que no sea solo alguien de palabras bonitas, sino de actitudes fieles. Dame gracia para cumplir mi parte, recordando siempre tu fidelidad. Amén.

Versículo clave: “Cuando le hagas una promesa a Dios, no tardes en cumplirla, porque a Dios no le agradan los necios. Cumple todas las promesas que le hagas.” (Eclesiastés 5:4, NTV).

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