¿Excluida de la promesa?

Ya habían pasado diez años. Diez años desde que Abram escuchó la voz de Dios diciendo que haría de él una gran nación (Génesis 12:2). Diez años desde que Sarai dejó atrás su tierra, su seguridad, para seguir una promesa que no parecía cumplirse. Su vientre seguía vacío. Cada mes era un recordatorio más de que quizá estaba estorbando el plan de Dios. Tal vez Sarai pensó que la promesa era solo para Abram. Es posible que se haya sentido como una “piedra de tropiezo” en el camino de Dios.
Fue entonces cuando Sarai ideó una solución: “El Señor no me ha permitido tener hijos, así que ve y acuéstate con mi sierva; quizás yo pueda tener hijos por medio de ella” (Génesis 16:2, NTV). Parecía razonable, parecía práctico. Pero, en realidad, era el intento de resolver con sus propias manos lo que solo Dios podía hacer.
¿Cuántas veces hacemos lo mismo? Cuando la espera se prolonga, creemos en la mentira del enemigo que dice que la promesa no se aplica a nosotros. Creemos que Dios olvidó nuestro nombre, que quedamos fuera de lo que Él dijo. Pero la Palabra afirma: “Dios no es un hombre, por lo tanto, no miente. No es un humano, por lo tanto, no cambia de parecer. ¿Acaso alguna vez habló sin actuar? ¿Alguna vez prometió sin cumplir?” (Números 23:19, NTV).
Satanás quiere convencernos de que somos un detalle sin importancia, pero el Señor nos incluye en cada detalle de su promesa. Aunque el tiempo pase, aunque parezca imposible, su fidelidad no falla.
Esta es la verdad que necesitas guardar hoy: las promesas del Señor no te excluyen, y Él es fiel para cumplirlas en el tiempo correcto.
Oración: Señor, perdóname por dudar de tu cuidado. Ayúdame a esperar en silencio y confianza, creyendo que tu promesa también es para mí. Guárdame de las mentiras que quieren robar mi esperanza. En el nombre de Jesús, amén.
Versículo clave: “Dios hará que esto suceda, porque aquel que los llama es fiel.” (1 Tesalonicenses 5:24, NTV)
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