Sentir sí, ser dominado no

Dios nos hizo seres emocionales. Alegría, tristeza, miedo, sorpresa, enojo… todas estas emociones fueron creadas por Él y cumplen un papel importante. La alegría fortalece las relaciones, la tristeza nos lleva a la reflexión, el miedo nos protege, y hasta el enojo tiene su lugar, pues nos impulsa contra la injusticia.
El problema no está en sentir, sino en ser dominados por lo que sentimos. La Biblia dice: “Mejor es tener paciencia que ser valiente; más vale el dominio propio que conquistar una ciudad.” (Proverbios 16:32)
Pero esa paciencia y ese dominio propio no nacen simplemente de la fuerza de voluntad: son fruto de la obra del Espíritu Santo en nosotros.
Cuando somos llenos del Espíritu, el control sobre nuestras emociones se vuelve posible. Gálatas 5:22-23 nos recuerda: “En cambio, la clase de fruto que el Espíritu Santo produce en nuestra vida es: amor, alegría, paz, paciencia, gentileza, bondad, fidelidad, humildad y control propio. No existen leyes contra esas cosas.”
Es Él quien nos capacita para sentir sin pecar, reaccionar con sabiduría y mantener el corazón en paz, aun en medio del calor de las emociones.
Jesús es nuestro ejemplo. Él lloró (Juan 11:35), se alegró (Lucas 10:21) y expresó indignación (Marcos 3:5), pero nunca fue gobernado por ninguna de esas emociones. En todo momento, su corazón estuvo alineado con el Padre.
No necesitamos reprimir los sentimientos, sino someterlos al Espíritu Santo para que Él los dirija y los use para la gloria de Dios. Y mientras más lleno esté del Espíritu Santo, más podré tener control sobre mis emociones. Como dice Efesios 4:26: “Además, ‘no pequen al dejar que el enojo los controle’. No permitan que el sol se ponga mientras siguen enojados.”
Oración: Señor, gracias por las emociones que creaste en mí. Lléname de tu Espíritu para que viva con dominio propio, reaccionando según tu voluntad y no según mis impulsos. Amén.
Versículo base: “Pues Dios no nos ha dado un espíritu de temor y timidez, sino de poder, amor y autodisciplina.” (NTV) 2 Timoteo 1:7
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