Nada que no tenga valor

Desde pequeño aprendí de mis padres el principio del diezmo y las ofrendas. Recuerdo que cierto día, cuando tendría unos 8 o 9 años, estaba preparando el sobre de un diezmo o una ofrenda y, después de colocar el valor principal, tomé unas pocas monedas de bajo valor que tenía en el bolsillo y las agregué diciendo:
– “Vamos a poner también estas monedas, igual, no valen nada.”
Nunca olvidaré la firme y sabia corrección de mi madre:
-“De ninguna manera. A Dios no se le da nada que no tenga valor.”
En ese momento, sin darme cuenta, yo estaba tratando la ofrenda como un gesto mecánico y no como una expresión de amor y reverencia. Mi madre me enseñó que Dios merece lo mejor, no lo que nos sobra.
Esta verdad está expresada en la historia del rey David, cuando quiso ofrecer un sacrificio al Señor y le ofrecieron gratuitamente todo lo necesario. Pero su respuesta fue firme: “No insistiré. No le presentaré ofrendas quemadas al Señor mi Dios, que no me hayan costado nada.” (2 Samuel 24:24) David sabía que la verdadera adoración exige entrega, sacrificio y un corazón sincero. Él entendía que Dios no necesita bienes, pero busca un corazón dispuesto a dar con sinceridad.
Jesús también nos enseñó esto al observar a una viuda en el templo: “Les digo la verdad: esta viuda pobre ha dado más que todos los demás que ofrendan. Pues ellos dieron una mínima parte de lo que les sobraba; pero ella, con lo pobre que es, dio todo lo que tenía para vivir.” (Marcos 12:43-44)
Dar con sacrificio no tiene que ver con la cantidad, sino con la entrega. Dios se agrada cuando damos con fe, aunque duela, aunque parezca poco ante los ojos humanos, pero es mucho ante los ojos de Dios.
Hoy, muchos ofrecen a Dios solo lo que les sobra: el tiempo que quedó libre, la energía que restó, el dinero que no hará falta. Pero la invitación divina sigue siendo la misma: Él quiere el primer lugar. No por vanidad, sino porque “donde esté tu tesoro, allí estarán también los deseos de tu corazón.” (Mateo 6:21)
Cuando damos con sacrificio, le decimos a Dios: “Eres más importante que mi comodidad, mi seguridad o mis bienes.”
Oración: Señor, enséñame a darte con generosidad y reverencia. Que lo que yo te ofrezca venga de lo mejor que tengo, y no solo de lo que me sobra. Que mi corazón esté en lo que entrego, y que mi adoración sea sincera y sacrificial. Amén.
Versículo base: “Les digo la verdad: esta viuda pobre ha dado más que todos los demás que ofrendan. Pues ellos dieron una mínima parte de lo que les sobraba; pero ella, con lo pobre que es, dio todo lo que tenía para vivir.” (NTV) Marcos 12:43-44
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