La toalla blanca

Se cuenta que un joven tuvo una pelea con su padre y, enojado, abandonó su hogar jurando no volver jamás. Pasaron algunos años, y este joven experimentó muchas dificultades, cometió errores, extrañó su hogar y decidió intentar regresar. Pero temía que su padre no lo aceptara.
Así que decidió enviarle una carta a su padre:
– “Padre, cometí un gran error. Si aún hay amor y perdón en tu corazón, por favor, pon una toalla blanca en la ventana para el día que pase por la puerta. Si veo la toalla, entraré. Si no la veo, seguiré mi camino”.
El día señalado, el joven caminó con el corazón acelerado hacia la casa de su padre. Al doblar la esquina, vio una toalla blanca en la ventana. Pero eso no era todo. La casa, que antes era amarilla, ahora estaba pintada de blanco. El techo, que antes era oscuro, ahora también era blanco. Las paredes y la acera de la casa también estaban pintadas de blanco. El césped verde y el jardín estaban completamente cubiertos por una enorme sábana blanca. Incluso el perro de la familia vestía de blanco.
Cuando el padre vio acercarse a su hijo, corrió a su encuentro y le dijo:
– “Tenía miedo de que no vieras la toalla blanca y no vinieras a mí. Hijo mío, estás perdonado”.
Si pudieras conocer verdaderamente el corazón del Padre, sabrías que Él no escatima esfuerzos para extenderte su gracia y misericordia. Él te espera en casa con los brazos abiertos y tiene una mesa preparada para ti. Envió a su Hijo Jesús a morir en tu lugar y en el mío, y así liberarnos de la condenación que merecíamos, a lo que llamamos misericordia. Y además, tenemos acceso al regalo inmerecido de la eternidad, a lo que llamamos gracia.
Decide hoy regresar al Padre. La toalla blanca está puesta en la ventana.
Oración: Señor, hoy decido regresar a Ti. Me arrepiento de mis pecados, reconociendo que soy merecedor de la muerte y del infierno. Pero te estoy agradecido, porque tuviste misericordia y me diste la gracia, por la cual puedo tener acceso a la vida eterna. Hoy te acepto, Jesús, como mi Señor y Salvador. Amén.
Texto base:
20 »Entonces regresó a la casa de su padre, y cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio llegar. Lleno de amor y de compasión, corrió hacia su hijo, lo abrazó y lo besó.
21 Su hijo le dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de que me llamen tu hijo”.
22 »Sin embargo, su padre dijo a los sirvientes: “Rápido, traigan la mejor túnica que haya en la casa y vístanlo. Consigan un anillo para su dedo y sandalias para sus pies.
23 Maten el ternero que hemos engordado. Tenemos que celebrar con un banquete,
24 porque este hijo mío estaba muerto y ahora ha vuelto a la vida; estaba perdido y ahora ha sido encontrado”. Entonces comenzó la fiesta.
(NTV) Lucas 15:20-24
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