No seas sabio con exceso

Continuando con la reflexión que comenzamos ayer, volvemos a Eclesiastés 7, versículo 16, que ahora nos dice: “no seas sabio con exceso; ¿por qué habrás de destruirte?”

¿Cómo? ¿No ser demasiado sabio? ¿No deberíamos buscar cada vez más sabiduría?

Si la misericordia es el contrapunto de la justicia, la dependencia de Dios es el contrapunto de la sabiduría. El mayor peligro de la sabiduría es pensar que, por ser sabios, ya no necesitamos a Dios. Demasiada sabiduría también puede destruirnos.

La vida del propio Salomón, el hombre más sabio que jamás haya vivido, ilustra bien sus palabras en el texto de Eclesiastés 7:16. Salomón fue un hombre carente de humildad y abundó en placeres materiales, como las riquezas y mujeres. Se casó con mujeres extranjeras y, por esta razón, incluso adoró a falsos dioses.

Finalmente, Proverbios 26, versículo 12, también nos dice: “Hay más esperanza para los necios que para los que se creen sabios”.

Que tú y yo busquemos la sabiduría, pero reconociendo siempre que proviene de Dios. “Si necesitan sabiduría, pídansela a nuestro generoso Dios, y él se la dará; no los reprenderá por pedirla”. (Santiago 1:5).

Oración: Señor, que seas tú mi fuente de sabiduría. Que nunca piense que, por ser sabio, ya no te necesito. Amén.

Versículo base: No seas demasiado justo, ni seas sabio con exceso; ¿por qué habrás de destruirte? (BRV1960) Eclesiastés 7:16

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