¿Y tú, qué pedirías?

Esta reflexión está adaptada de un texto escrito por Edimer Rodriguez.

Tres hombres caminaban rumbo a una montaña cuando sintieron mucha hambre. Solo tenían una fruta con ellos, así que oraron a Dios con fe, pidiendo una solución.
El Señor respondió:
— “Hagan una propuesta inteligente, y veré qué puedo hacer.”
El primer hombre dijo:
— “Señor, multiplica la fruta para que todos podamos comer.”
Dios respondió:
— “Esa no es una propuesta sabia, porque el ser humano suele preferir la cantidad antes que la calidad.”
El segundo hombre dijo:
— “Señor, haz que esta fruta sea enorme, para que podamos alimentarnos bien.”
Dios respondió:
— “Tampoco es una buena propuesta, porque mientras más tienen las personas, más quieren — y pasan de la ambición a la codicia.”
Entonces el tercer hombre oró:
— “Señor, haznos pequeños, para que la fruta sea suficiente para todos y podamos compartirla.”

Dios sonrió y dijo:
— “Esa sí es una propuesta inteligente. Muestra humildad y amor por los demás.”

Esta sencilla parábola nos enseña que la verdadera grandeza no está en tener más, sino en ser menos. El Reino de Dios se edifica sobre la humildad — y por eso los soberbios no pueden habitar en él. Quien es humilde, Dios lo exalta; quien es orgulloso, Dios lo mira de lejos. “Aunque el Señor es excelso, se fija en los humildes, y de lejos reconoce a los orgullosos.”Salmo 138:6 (NVI)

La humildad es la base de toda verdadera riqueza espiritual. Cuando nos hacemos pequeños, Dios se hace grande en nosotros. Y es en ese lugar — el de la dependencia y la sencillez — donde encontramos refugio y gracia. “Busquen al Señor todos los humildes del país, los que practican su justicia; busquen la justicia, busquen la humildad; tal vez así hallen refugio en el día de la ira del Señor.” — Sofonías 2:3 (NVI)

Oración: Señor, enséñame a ser pequeño delante de ti. Que no busque grandezas ni honores humanos, sino que aprenda el valor de la humildad y del contentamiento. Hazme instrumento de tu amor, dispuesto a compartir lo que tengo y agradecido por lo que soy. En el nombre de Jesús, amén.

Versículo base: “Aunque el Señor es excelso, se fija en los humildes, y de lejos reconoce a los orgullosos.”Salmo 138:6 (NVI)

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