“Y dijo en su corazón”

Cuidado con lo que dices en tu corazón.
En la reflexión de hoy, encontramos a Jeroboam — un hombre que fue escogido por Dios para ser rey sobre Israel. Por causa de los pecados de Salomón, el Señor permitió la división del reino, y Jeroboam quedó con diez de las doce tribus de Israel.
Pero poco después de asumir el trono, Jeroboam tuvo miedo. La Biblia dice: “Y dijo Jeroboam en su corazón: Ahora se volverá el reino a la casa de David. Si este pueblo subiere a ofrecer sacrificios en la casa de Jehová en Jerusalén, el corazón de este pueblo se volverá a su señor Roboam rey de Judá, y me matarán a mí, y se volverán a Roboam rey de Judá.” (1 Reyes 12:26–27 – RVR60)
Fue allí, en el silencio de su propio corazón, que Jeroboam comenzó a alejarse de Dios. La duda susurró, el miedo respondió — y el pecado nació.
Por causa de su temor, dio oído a voces que no venían del Señor. Esas voces lo llevaron a construir dos becerros de oro, para que el pueblo no subiera a Jerusalén a ofrecer sacrificios.
Es probable que Jeroboam no tuviera la intención de crear “otros dioses”. Quizá quiso solo representar símbolos visibles del trono de Jehová — pedestales para el Dios invisible — inspirados en las costumbres cananeas y egipcias. Pero aunque su intención pareciera inocente, el resultado fue el mismo que el de Aarón, cuando también fabricó un becerro de oro en el desierto (Éxodo 32): idolatría y alejamiento de Dios.
El Señor había prometido una casa firme, un reino prospero a Jeroboam: “Y será que, si prestares oído a todas las cosas que te mandare, y anduvieres en mis caminos, e hicieres lo recto delante de mis ojos, guardando mis estatutos y mis mandamientos, como hizo David mi siervo, yo estaré contigo, y te edificaré casa firme, como la edifiqué a David, y te entregaré a Israel.” (1 Reyes 11:38 – RVR60)
David reinó cuarenta años. Jeroboam, por haber permitido que el miedo y la duda dominaran su corazón, reinó apenas veintidós. El miedo abre puertas que la fe mantendría cerradas.
Por eso, ten cuidado con lo que dices a tu propio corazón. No toda voz que resuena dentro de ti viene de Dios. A veces es solo el miedo disfrazado de prudencia, o la duda vestida de sabiduría.
Oración: Señor, ayúdame a guardar mi corazón, porque de él mana la vida. Que ninguna voz de miedo, duda o desconfianza encuentre morada en mí. Enséñame a callar lo que el temor grita y a oír solo lo que tu Espíritu habla. En el nombre de Jesús, amén.
Versículo base: “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida.” (Proverbios 4:23 – RVR60)
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