“¿Quién soy yo?”

Cuando el Señor se apareció a Moisés para enviarlo a Egipto a liberar al pueblo de Israel, la respuesta inmediata de Moisés fue: “¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel?” (Éxodo 3:11 – RVR60)
Esa respuesta revela mucho sobre nosotros, los seres humanos. Cuando recibimos una misión de parte de Dios, es común pensar que se trata de nosotros —de nuestras habilidades, de nuestras limitaciones o de si merecemos o no el llamado. Pero la gran verdad es que no se trata de nosotros.
Moisés se miró a sí mismo y solo vio a un hombre inseguro, con un pasado complicado y dificultades para hablar. Pero Dios miró a Moisés y vio a un libertador. Porque Dios ve lo que el hombre no ve.
Cuando finalmente entendemos que no somos el centro de la misión, la pregunta “¿quién soy yo?” pierde su sentido. No se trata de ti. No se trata de Moisés. No se trata de mí. Todo se trata del Señor.
Y esta verdad se vuelve aún más poderosa cuando Dios revela su nombre a Moisés: “Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros.” (Éxodo 3:14 – RVR60)
Mientras Moisés preguntaba “¿quién soy yo?”, Dios respondía: “YO SOY”. No se trata de quién eres tú —se trata de quién es Él. El Dios que llama es el mismo que garantiza, sostiene y cumple cada promesa.
Oración: Señor, perdóname por mirar tanto hacia mí y tan poco hacia ti. Enséñame a recordar que no se trata de mi fuerza, sino de tu poder; no de mi nombre, sino del tuyo. Que en todo lo que haga, tu “YO SOY” sea más grande que mi “¿quién soy yo?”. En el nombre de Jesús, amén.
Versículo base: “Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.” (Romanos 11:36 – RVR60)
![]()





Quer receber devocionais diarias no seu celular?