“No hay ateo en un avión que está cayendo”

Existe una frase muy conocida, repetida por muchos cristianos, que dice: “No hay ateo en un avión que está cayendo.” Hace poco vi que incluso hay videos en YouTube donde algunos ateos intentan “responder” a esa afirmación. Pero, en el fondo, esta frase no es una ofensa — es una constatación. Porque, ante la muerte, nadie permanece indiferente.

Cuando el suelo desaparece bajo los pies y las certezas se desvanecen en el aire, hasta el más convencido de los incrédulos puede ser llevado a clamar al “desconocido”. En un avión que cae, en una sala de cuidados intensivos, en un accidente o en medio de una tragedia, el ser humano recuerda — aunque sea por un instante — que no es dios de sí mismo.

El miedo y la desesperación se convierten en motores del alma, empujándola a buscar refugio en algo o en alguien más grande. Y allí, cuando ya no hay salida, muchos encuentran lo que negaron toda la vida: la presencia de Dios.

La Palabra de Dios dice: “He jurado por mi propio nombre; he dicho la verdad, y no cambiaré de parecer: toda rodilla se doblará ante mí, y toda lengua me declarará lealtad.” (Isaías 45:23 – NTV)

Sí, toda rodilla se doblará. Algunos lo harán en aquel último día, cuando Cristo vuelva en gloria, y reconocerán — tal vez demasiado tarde — que Jesús es el Señor. Otros lo harán en medio de una caída, en un avión, o en una sala de hospital, esperando el diagnóstico de un ser querido entre la vida y la muerte.

Pero también hay quienes — y espero que tú seas uno de ellos — se doblan cada día, no movidos por el miedo, sino por el amor. Que reconocen la soberanía de Cristo en la alegría y en el dolor, en la abundancia y en la escasez, en la victoria y en la derrota. Porque los que verdaderamente conocen al Señor no lo buscan solo cuando el avión está cayendo, sino también cuando el sol brilla.

Para nosotros, los salvos en Cristo, las circunstancias no determinan nuestra fe. Sabemos que solo hay un lugar donde encontramos descanso, esperanza y eternidad: la presencia de Jesús. Pedro lo expresó así cuando muchos se alejaban del Maestro: “—Señor, ¿a quién iríamos? Tú tienes las palabras que dan vida eterna.” (Juan 6:68 – NTV)


Oración: Señor, enséñame a doblar mis rodillas no solo en los días de dolor, sino en todos los días de mi vida. Que te busque en la calma y en la tormenta, en la abundancia y en la necesidad. Porque sé que solo en Ti encuentro palabras de vida eterna. En el nombre de Jesús, amén.

Versículo base: “Toda rodilla se doblará ante mí, y toda lengua me declarará lealtad.” (Isaías 45:23 – NTV)

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