Nadie está por encima de la ley

Siempre me impresiona encontrar historias reales que revelan carácter cuando nadie está mirando — y, a veces, incluso cuando todos estão olhando. Eso fue lo que ocurrió el 17 de marzo de 1980, en Caracas, Venezuela. El oficial de tránsito Apascacio Mata salió a trabajar como cualquier otro día, sin imaginar que viviria un momento decisivo. Al notar que una caravana intentaba cruzar con el semáforo en rojo, ordenó inmediatamente que se detuviera. Los escoltas, indignados, dijeron:
— “¿No sabes quién viene ahí? ¡Es el presidente!”
Pero Apascacio respondió con firmeza:
— “Con mayor razón, él debe dar ejemplo a su pueblo. Que espere.”
Mantuvo la orden de detenerse hasta que el semáforo cambió. Su actitud repercutió en todo el país, y el propio presidente Luis Herrera Campíns lo reconoció públicamente, condecorándolo como un símbolo de integridad. Un simple oficial recordándole al jefe de Estado que nadie está por encima de la ley.
Pensando en ese acontecimiento, recuerdo que los mandatos de Dios siguen la misma lógica: las leyes de Dios son para todos — grandes y pequeños, ricos y pobres, famosos y desconocidos. El Señor no hace distinción. Jesús enseñó claramente: “El que quiera ser líder entre ustedes deberá ser sirviente.” (Marcos 10:43 – NTV). En el Reino de Dios, grandeza no es privilegio, sino servicio.
La Palabra reafirma esto cuando declara: “Pues Dios no tiene favoritos.” (Romanos 2:11 – NTV). Sus mandamientos son justos y se aplican por igual a todos nosotros. Y si queremos ser grandes delante de Él, debemos abrazar el camino de la humildad. Al fin y al cabo, Jesús mismo — siendo Señor de todas las cosas — “no vino para que le sirvan, sino para servir” (Marcos 10:45 – NTV).
Cuando pienso en Apascacio Mata, recuerdo que nuestra fe se prueba justamente en esos momentos en los que es más fácil ceder, relativizar o pensar que ciertos principios no aplican a determinadas personas. Pero en el Reino de Dios, la verdadera grandeza se revela en la obediencia y en el servicio.
Oración: Señor, ayúdanos a recordar que tus mandamientos son para todos, sin excepción. Líbranos del orgullo que busca privilegios y enséñanos a seguir el ejemplo de Cristo, sirviendo con humildad, integridad y amor. Que nuestra vida refleje tu carácter y que seamos fieles en cada pequeña actitud del día a día. Amén.
Versículo del día: “El que quiera ser el primero entre ustedes deberá convertirse en el sirviente de todos.” (Marcos 10:44 – NTV)
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