Mi frágil fe

¿Cuántas veces nuestro corazón se ve invadido por dudas silenciosas, temores ocultos y preocupaciones constantes? Tal vez no dudamos de la existencia de Dios, pero sí dudamos de que Él realmente nos cuida. Pensamos: “Dios es demasiado grande, demasiado poderoso… seguramente tiene asuntos más urgentes para atender que mi pequeña vida”. Y así, aun conociendo las promesas de su Palabra, luchamos por creer que realmente son para nosotros.

Pero esta lucha no es nueva. Ya resonaba en el corazón de David cuando preguntó: “¿Qué son los simples mortales para que pienses en ellos? ¿Qué son los seres humanos para que de ellos te ocupes?”,  Salmos 8:4. La verdad es que nuestro corazón vacilante revela una fe frágil, y Dios lo sabe. Él no exige perfección, sino sinceridad. Y en medio de nuestra inseguridad, Él continúa amándonos con un amor firme, fiel y personal.

El mismo Jesús dijo: “¿No se venden cinco pajarillos por dos monedas de cobre? Sin embargo, Dios no se olvida de ninguno de ellos. Y, en cuanto a ustedes, cada cabello de su cabeza está contado. ¡Así que no tengan miedo! Para Dios ustedes son más valiosos que toda una bandada de pajarillos”. Lucas 12:6-7. Estas palabras no fueron dirigidas a la humanidad en masa, sino a personas como tú y como yo. Personas con miedos, limitaciones, con una fe pequeña, pero con sed de Dios.

Nuestro mayor error quizás sea pensar que necesitamos ser fuertes para atraer el favor de Dios. Pero el evangelio enseña lo contrario: “Mi gracia es todo lo que necesitas; mi poder actúa mejor en la debilidad”, 2 Corintios 12:9.

Cuando creemos que Dios existe, pero dudamos de que se interese por nosotros, olvidamos lo que más lo define: Él es Padre. Un Padre que no solo ve, sino que se preocupa. Que no solo promete, sino que cumple. Que no solo ama al mundo, sino que te ama a ti, de manera personal, presente y paciente.

Aun con una fe débil, podemos decir como aquel padre que clamó a Jesús por su hijo: “¡Sí creo, pero ayúdame a superar mi incredulidad!”, Marcos 9:24. Dios no se aleja por causa de nuestra fe frágil. Al contrario, Él se acerca, nos sostiene y nos llama a confiar. Él mismo es quien fortalece nuestra fe débil.

Oración: Señor, fortalece mi frágil fe. Cuando el miedo hable más fuerte, recuérdame tu amor constante. Sostenme en la duda, consuélame en la debilidad y guíame con tu verdad. Confío en ti, aunque no entienda todo. Amén.

Versículo base: “¿Cómo que ‘si puedo’? —preguntó Jesús—. Todo es posible si uno cree. Al instante, el padre clamó: —¡Sí creo, pero ayúdame a superar mi incredulidad!”  (NTV) Marcos 9:23-24

Loading

Compartilhe:

Adicionar um Comentário

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *