Lo que realmente importa para Dios

Ocurrió en Madrid, el pasado martes 10 de marzo, durante el partido entre Atlético de Madrid y Tottenham Hotspur, por los octavos de final de la UEFA Champions League. El joven portero checo Antonín Kinský, de 22 años, que no jugaba desde octubre de la temporada anterior y hacía una de sus raras apariciones con el equipo inglés, falló en dos de los tres primeros goles del Atlético. En apenas 15 minutos de juego el Tottenham ya perdía 3 a 0 y, justo después del tercer gol —marcado tras otro error del portero— el entrenador decidió sustituirlo a los 16 minutos del primer tiempo. Afectado, Kinský salió del campo con la cabeza baja y fue directo al vestuario, en una de las sustituciones de portero más rápidas que se hayan visto en un partido de la Champions League.

Al ver las imágenes del partido y de la salida del portero del campo, un pensamiento inmediato vino a mi corazón: Dios ama mucho a Antonín Kinský.

Puede parecer extraño pensar así en medio de un momento tan difícil y público. Millones de personas mirando, críticas en las redes sociales, la frustración personal de un atleta joven viviendo quizás uno de los momentos más duros de su carrera. Pero la verdad es que Dios está atento a cada detalle de nuestra vida.

La Biblia nos recuerda que el Señor no es indiferente a lo que nos sucede. Al contrario, Él usa las circunstancias —incluso las más difíciles— para trabajar en nuestro interior.

“Y sabemos que Dios hace que todas las cosas cooperen para el bien de quienes lo aman y son llamados según el propósito que él tiene para ellos.” (Romanos 8:28, NTV).

Muchas veces pensamos que lo más importante es el éxito, la reputación o la carrera. Pero Dios ve las cosas de manera diferente. Aquello que para nosotros parece el centro de la vida, para Él es solo parte del camino. Lo que realmente importa para Dios es nuestra alma.

Jesús dijo: “¿Y qué beneficio obtienes si ganas el mundo entero pero pierdes tu propia alma?” (Marcos 8:36, NTV).

Por eso el Señor permite momentos que quiebran nuestro orgullo, que nos llevan a reflexionar, que nos sacan de la falsa seguridad de los logros humanos. No porque Él nos abandone, sino precisamente porque nos ama.

A veces Dios usa el silencio. Otras veces usa la victoria. Pero muchas veces también usa la adversidad para hablarnos de una manera más profunda.

La pregunta que queda para mí y para ti no es por qué suceden ciertas cosas, sino qué desea Dios trabajar en nuestro corazón a través de ellas.

Oración: Señor, ayúdame a confiar en Ti también en los momentos difíciles. Cuando la vida no salga como yo esperaba, recuérdame que Tú estás obrando en mí. Guarda mi corazón y conduce mi vida hacia aquello que realmente importa: la salvación de mi alma. Amén.

Versículo del día: “¿Y qué beneficio obtienes si ganas el mundo entero pero pierdes tu propia alma?” (Marcos 8:36, NTV).

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